El órdago se aplaza

No es probable que el soberanismocatalán haya llegado hasta aquí para arrugarse en la recta final, pero deforma táctica acompasa sus tiempos

EDITORIAL

El soberanismo parece decidido a mantener en suspense y en máxima alerta a las principales instituciones del Estado. Bien podría decirse que el curso político comenzó ayer, empujado por la amenaza de que la Mesa del Parlament admitiera a trámite la ley del referéndum. El Gobierno, ya en Madrid y reunido en Consejo de Ministros extraordinario, estaba dispuesto a frenar por vía judicial el nuevo paso del independentismo. Pero no hizo falta. Al final la presidenta del Parlament, Forcadell, no incluyó la ley en el orden del día. La razón oficial para esta omisión es ambigua: no parecía «oportuno» dada la complejidad de la norma. Justificación curiosa dado que esa norma es en realidad muy simple y, puesto que no encaja con el ordenamiento vigente, hay pocos aspectos que concordar.

Ulteriores explicaciones de la presidenta aclaran en qué consistiría esta ‘complejidad’ al traer a colación la ya compleja situación judicial de cinco miembros de la Mesa, empezando por ella misma. De hecho, poco después de presentado el proyecto de ley al Parlament, Rajoy anunció que impugnaría la ley en cuanto la Mesa la admitiera a trámite, sin esperar a que llegara al pleno de la Cámara. Donde tampoco, por cierto, podría ser legalmente tramitada por el procedimiento de lectura única, que ya ha sido desactivado por el Constitucional.

Así las cosas, quizá haya pesado en el aplazamiento orquestado por Junt pel Sí la intención de aproximar el fragor legislativo que se avecina a la Diada del 11 de septiembre, con el fin de encontrar un clima más caldeado alrededor, que haga olvidar el hecho evidente de que el soberanismo pierde fuelle. Pero la estrategia de ayer de la siempre segura de sí misma Forcadell parece indicar cierto desconcierto. Y ello se debe en parte a la evidencia de que el Estado está en condiciones de frustrar esta aventura manifiestamente ilegal, y en parte, también, a la creciente tensión entre unas formaciones democráticas, que perciben el distanciamiento de muchos seguidores contrarios a la ruptura del estado de derecho, y la CUP.

Los indepedentistas radicales muestran cada vez más su verdadera faz antisistema, que presiona para lograr nuevas depuraciones y que al exhibir su ideario pone de manifiesto su incompatibilidad con lo que la democracia parlamentaria y Europa significan. No es probable que el soberanismo haya llegado hasta aquí para arrugarse a última hora, pero tampoco parecería sensato lanzar la institucionalidad catalana contra el muro de la realidad indiscutible, en la que no cabe ni el referéndum ni la secesión.

Huelga en Aena

La movilización de los trabajadores de Eulen en El Prat ha resultado tener efectos contagiosos. Las condiciones laborales han generado el conflicto, que el Gobierno trata de resolver mediante el arbitraje acordado ayer por el Consejo de Ministros. En otros aeropuertos han comenzado ciertos movimientos, que podrían extenderse por lógico sentido de la emulación. Ayer se anunciaba también que CC OO, UGT y USO en Aena habían registrado la convocatoria de 25 días de huelga a partir del 15 de septiembre. Las reivindicaciones son salariales y relativas a la organización del trabajo. Fomento ya les ha emplazado al 31 de agosto. La conflictividad en el sector podría estar relacionada con la desactivación de la negociación colectiva en las dos últimas reformas laborales, que ha postergado a los sindicatos, así como con la devaluación salarial provocada con la crisis. Quizá convenga devolver a las centrales el papel que han perdido, al tiempo que el mundo empresarial, público y privado, se conciencia sobre la necesidad de mejorar la posición de los trabajadores, los más dañados por la recesión.

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