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Cuando dos adversarios como Rajoy y Pedro Sánchez se entienden es porque ha surgido un equívoco entre ellos

MANUEL ALCÁNTARA

Estábamos aproximadamente contentos después de la reunión de Rajoy con Pedro Sánchez, aunque sabemos que cuando dos adversarios se entienden es porque ha surgido un equívoco entre ellos. Se trata de impedir que España disminuya y de ahí el «pacto de mínimos» frente al referéndum catalán. No podemos olvidar que cuando uno de los dos quiere, tres o cuatro acaban riñendo. La portavoz del PSOE en el Congreso ha dicho que el célebre artículo 155 nunca sería una solución y no está dispuesta a apoyarlo. Por eso ha trazado la línea roja al llamado ‘desafío catalán’, que más que un desafío es un duelo. Por suerte hasta ahora sin sangre. El caso que nos ocupa y que nos va a seguir ocupando en el futuro imperfecto es impedir el referéndum independentista, que en realidad es separatista, programado para el 1 de octubre. Hay que seguir dialogando con la Generalitat, aunque se sepa que hay peores sordos que los que no quieren oír: son los que no quieren ver lo que se nos viene encima y miran para otro lado.

El líder socialista del PSOE, en un alarde de elasticidad, está dispuesto a hacer reformas, incluyendo en ellas la más importante, que es la reforma de la Constitución. ¿Nos hemos merecido el esfuerzo de la generación anterior? La gratitud jamás ha sido una virtud política, pero ahora se considera como un vicio, mientras proliferan las banderas en el histórico balcón del Ayuntamiento de Pamplona. Lo que sea sonará, pero de momento lo que ha sonado ha sido el chupinazo. Después de once meses sin dirigirse la palabra, Sánchez amenaza a Rajoy con tomar la iniciativa. ¿Para cuándo no es demasiado tarde? Esperemos que Puigdemont se calme con la renovación del contrato de Messi, que no tendrá que jugar contra el Terrassa, sino contra el Madrid de Cristiano Ronaldo. Por ahora.

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