Más ocupado que preocupado

El contraanálisis

La mayor exigencia y dificultad para el entorno del Alavés está en sumar optimismo en los momentos bajos porque restar con pesimismo criticón no ayuda a nada

Raúl Alústiza
RAÚL ALÚSTIZA

Esta temporada, además de reinventarse, al Alavés también le toca ocuparse. Es lo que dijo el técnico Luis Zubeldía en la sala de prensa cuando le preguntaron si está preocupado. Contestó que más que preocupado, ahora lo que toca es estar ocupado. Y yo añadiría que ya se ocuparán otros en tenernos a todos preocupados. Pienso que es una respuesta inteligente y acertada. Inteligente, porque en las ruedas de prensa hay que medir bien las palabras, pues a veces tienen más repercusión que el propio partido. Segundo, y por lo visto en Vigo, creo que también la respuesta es acertada. Es evidente que este equipo tiene que ocuparse muchísimo más que preocuparse. Entre otras cosas porque uno no mejora por estar preocupado sino por estar ocupado en mejorar.

De momento no se ha inventado en este mundo nada que no se consiga sin esfuerzo, y en nuestro caso, sin entrenamiento. Si en algo debemos ser exigentes con el equipo es con el rigor en el trabajo diario, el entrenamiento, porque lo que ocurra en el partido será la consecuencia de este. A este equipo le falta que las piezas engranen y sincronicen con el dinamismo y fluidez de un coche de carreras. Yo tengo muy claro que esto no se consigue explicando en la pizarra, ni aplicando un trivote, tridente, los tres centrales o cualquier sistema y alineación revolucionarias, porque en nuestro caso, el orden de los factores no altera el producto. Esto solo tiene un remedio, el entrenamiento. La compenetración, fluidez o dinamismo que el equipo muestre en el juego dependen de la empatía táctica colectiva que se ha conseguido como consecuencia de todo lo que se ha vivido en los entrenos. O lo que es lo mismo, lo que se ha sufrido, disfrutado o experimentado entre semana.

De momento, a mí me gusta la plantilla y me gustan muchos de sus jugadores, pero no me gusta el equipo. Como dice la canción de Juan Manuel Serrat, ‘me gusta todo de ti, pero tú, no’. Si en la rueda de prensa después del partido del Celta hubiera estado Pellegrino, seguro que habría dicho aquello que tantas veces insistió la pasada campaña, lo de que este equipo irá progresando a medida que vaya aplicando la metodología de ‘ensayo acierto-error’. Por lo tanto, habrá que ir corrigiendo sobre la marcha, con el riesgo que eso supone. Este es el precio que hay que pagar por aplicar esta política de fichajes. Política que no tengo claro si es algo que se establece desde el club o el club tiene que establecer esa política condicionada por sus propias circunstancias, añadida a las dificultades de la ley del mercado. Algo que provoca que no me quede más remedio que aceptarlo con cierta resignación.

Pero es evidente que desde el punto de vista deportivo no es la política ni la filosofía ideal para confeccionar una plantilla con garantías. Y mucho menos para poner en velocidad de crucero a un equipo como el Alavés, que cambia de entrenador, con lo que eso supone, además de media plantilla, de los que varios jugadores se han incorporado al final de la pretemporada, e incluso algunos con ella ya comenzada. Y si añadimos que esa suertecilla que tuvimos al inicio de la anterior temporada en la actual no ha aparecido, la situación actual es la lógica. Creo que si hubiera que apuntar hacia algún sitio este mal inicio, sería hacia la política o esas circunstancias en los fichajes.

La preocupación o ese miedo ambiental que se percibe viene dado por dos razones. Primero, por ser al inicio de la Liga, pues siempre se generan sospechas de todo tipo. Y segundo, por ese pánico que se tiene a que se cumpla esa maldita e inexplicable ley de las dinámicas positivas o negativas. Esto es como lo de la suerte del campeón, que nunca tengo claro si es campeón porque tiene suerte o tiene suerte por ser campeón.

Lo que está claro es que con dinámicas positivas es más fácil trabajar. Esa máxima que dice que desde la victoria es más fácil convencer. Ahora, a Zubeldía y su equipo les toca remar contra corriente, y lo único que espero es que el entorno, también. Aunque siempre saldrá alguno diciendo que hay que exigir no sé qué al equipo, que hay que tomar medidas y que van a rodar cabezas, como si eso ayudase. Es un tema muy común en el fútbol, ya que así uno, como aficionado, siente cierta liberación de culpabilidad.

Y puestos a exigir, pongámonos todos manos a la obra. La mayor exigencia y dificultad para el entorno de cualquier equipo está en sumar optimismo en los momentos bajos, porque restar con ese pesimismo criticón es muy fácil y no ayuda a nada.

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