El nuevo PSOE y la religión

Pedro Ontoso
PEDRO ONTOSO

La nueva Ejecutiva del PSOE ha creado una Secretaría de Laicidad, lo que sugiere que Pedro Sánchez va a reforzar el perfil de izquierdas del partido en ese ámbito y va a plantear iniciativas contra lo que considera «privilegios» de la Iglesia católica. Pretende avanzar en el principio de neutralidad religiosa, garantizando la laicidad del Estado y recuperar así una de las señas de identidad de la formación en unos momentos de grave crisis en los que necesita acertar con un programa reconocible. El CIS ya le ha avisado que muchos ciudadanos no se ven representados en sus ideas. Pero la ciudadanía es diversa y compleja, y el grueso del electorado se mueve en el centro, sobre todo, y en el centro izquierda, y en ese eje ideológico el PSOE compite con muchas siglas.

Los socialistas y la Iglesia pueden converger en muchas cuestiones, sobre todo cuando se habla de la gestión de la diversidad y del respeto a los derechos de inmigrantes y refugiados; o cuando se aboga por luchar contra el odio y la discriminación; o cuando se anima a combatir la desigualdad. Estas resoluciones se encuentran en el programa de Cáritas o en la actividad del Servicio Jesuita a Refugiados y en los mensajes cotidianos del papa Francisco. El PSOE lo sabe. Por eso entre los invitados al congreso se encontraba en primera fila el padre Ángel, alma incansable de Mensajeros de la Paz, amigo de Sánchez, que también lo es del cura Lezama, que ha bautizado a las hijas del nuevo líder socialista.

El responsable de Laicidad es el valenciano José Manuel Rodríguez Uribes, profesor de Filosofía del Derecho, investigador habitual del pensamiento jurídico y político. Rodríguez es una persona ponderada y sensible a los derechos humanos, como acredita su paso por la Dirección General de Apoyo a las Víctimas en el Ministerio del Interior (entre 2005 y 2011) y por el Alto Comisionado de las Víctimas del Terrorismo puesto en marcha por Gregorio Peces Barba, del que se siente discípulo. Durante ese cometido se pronunció contra los integrismos y los dogmatismos que contribuyeron a fortalecer la actividad criminal de ETA.

Rodríguez Uribes, autor del libro ‘Elogio de la laicidad. Hacia el Estado laico: la modernidad pendiente’ (Tirant Lo Blanch), cree que hay privilegios de la Iglesia católica que hay que corregir porque no caben en una sociedad democrática, por ejemplo que no pague el IBI de sus bienes inmuebles no relacionados con el culto. También considera un retroceso que los funerales de Estado sigan siendo católicos y rechaza los acuerdos Iglesia-Estado, porque «son un poso de la vieja confesionalidad». Aboga por una secularización de la vida pública.

Pese a todo, el PSOE es consciente de la importancia de la religión, que lejos de recluirse en las sacristías está teniendo una presencia social muy importante, con una influencia política y unas consecuencias geoestratégicas que deben ser tenidas en cuenta. De hecho, en el marco estratégico de su ponencia política, ya reconoce que considerar la pluralidad cultural y religiosa es uno de los valores del socialismo democrático. En el epígrafe ‘Gobernar la globalización’, el documento sostiene que la raíz del terrorismo yihadista no es un choque de civilizaciones, al tiempo que defiende el multilateralismo como método básico de las relaciones internacionales y carga contra el populismo nacionalista.

En este apartado, el que se refiere al diálogo intercultural mundial, se encuentra una interesante novedad. El nuevo PSOE apuesta por dar continuidad a su papel internacional con el fortalecimiento de la Alianza de Civilizaciones, reforzando su papel como uno de los ejes transversales de la actividad de la ONU y sus agencias. Se trata de una iniciativa puesta en marcha por Rodríguez Zapatero, que en 2007 fue abrazado por Naciones Unidas bajo el mandato de Ban Ki-moon. El objetivo era buscar una alianza entre Occidente y el mundo árabe y musulmán. Uno de los aliados era Erdogan, presidente de Turquía, pero su deriva autoritaria y el retroceso democrático en el país lo ha puesto en cuarentena.

Sánchez rescata ahora ese proyecto. Propone que la próxima cumbre emita un informe de situación con propuestas concretas y trabajos para expandirla por Asia Oriental, dado «su carácter clave en los próximos años». Los socialistas creen que el diálogo entre religiones, la laicidad inclusiva y en particular el liderazgo del islam de paz contra el yihadismo «son fundamentales en la batalla de la seguridad en todo el mundo». La propuesta llegaría en un momento oportuno, ya que el actual secretario general de la ONU es el portugués Antonio Guterres, socialista de fuertes convicciones cristianas.

El documento aprobado en el 39 congreso federal socialista, de 149 páginas, incluye la lista de históricas reivindicaciones como la autofinanciación de la iglesia, la revisión retroactiva de los procesos «irregulares» de apropiación de bienes inmuebles (inmatriculaciones), la regulación de la eutanasia y su despenalización inmediata, el rechazo de los ‘vientres de alquiler’ porque supone una mercantilización de las mujeres, la secularización de las ceremonias y signos y la neutralidad de todas las instituciones y la promoción de una Ley de Conciencia y de Libertad Religiosa que asegure la no discriminación entre creyentes y no creyentes. También incluye la resignificación del Valle de los Caídos como lugar para la reconciliación y la dignificación de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura.

Por supuesto, entre las resoluciones destaca la defensa de la educación laica como «un compromiso moral e institucional», por el que «ninguna religión confesional deberá formar parte del currículo y del horario escolar». No habla para nada de una asignatura sobre el hecho religioso, como se contemplaba antes en el programa de las primeras elecciones de Sánchez sí figuraba y en las segundas no se mencionó. Es un retroceso. Y aquí sí chocará con la iglesia. Para hacer efectivo este principio de laicidad habría que denunciar y derogar el apartado correspondiente de los acuerdos suscritos entre el Estado español y la Santa Sede en 1979.

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