El nuevo Estatuto va para largo

El debate sobre la posible mejora del autogobierno vasco apenas ha avanzado y se extenderá durante toda la legislatura

El nuevo Estatuto va para largo
BORJA AGUDO
EL CORREO

Tres años después de su constitución, la ponencia parlamentaria sobre el futuro del autogobierno vasco se encuentra atascada, sin que existan perspectivas de entendimiento a corto plazo. Sus integrantes se citaron ayer para que dentro de un mes cada grupo exponga los puntos de coincidencia y -lógicamente- de discrepancia que mantiene respecto a los demás. El derecho a decidir, sea cual sea su formulación, se presenta como un serio obstáculo para un acuerdo transversal y superior al que suscitó en su día el Estatuto de Gernika. Todo indica que los debates sobre un nuevo marco de autogobierno durarán lo que queda de legislatura y más, aunque todavía resten casi tres años para culminar el segundo mandato de Iñigo Urkullu. Euskadi es la única comunidad a la que le falta reformar un texto estatutario que fue el primero en tramitarse constitucionalmente. La tardanza es consecuencia de dos factores que, en origen, parecerían contradictorios. Por un lado, la clamorosa ausencia de una idea compartida, de un consenso respecto al porvenir de la autonomía, impedidos hasta el extremo durante el período en que una parte del arco parlamentario -la izquierda abertzale- basaba sus reivindicaciones en el empleo sistemático del terror. Por el otro, la consciencia de que el autogobierno vasco, aun teniendo en cuenta las competencias pendientes de transferir, ha llegado a desarrollarse hasta los límites no solo del Estado constitucional, sino de la lógica que ordena la UE. El actual poder autonómico de Euskadi es tan superior al que goza cualquier otro territorio europeo que resulta complicado imaginar un proyecto capaz de romper un techo tan alto. El acuerdo alcanzado con la Administración central para poner al día tanto el Concierto como el Cupo constituyen los mecanismos ordinarios de la bilateralidad que el nacionalismo gobernante predica. La experiencia que se vive en Cataluña disuade de cualquier aventura que pretenda alcanzar no se sabe qué quimera despreciando el autogobierno existente. Tampoco es casual que el ánimo plebiscitario por una Euskadi independiente haya adquirido un tono más bien bajo. Sin duda se debe al aprecio que los ciudadanos sienten hacia la autonomía existente, al margen de horizontes y promesas que hoy resultan mucho más dudosas que cuando dio inicio la ‘vía catalana’.

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