dar la nota

Miguel González San Martín
MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN

Un buen pediatra conoce sin duda el modo de curar determinadas afecciones de la infancia y la adolescencia. Otra cosa es que, aunque le presentemos a un buen psiquiatra e incluso a un buen antropólogo, y se reúnan en consejo de sabios, sean entre todos capaces de explicar las oscilaciones del estado de ánimo en los niños y adolescentes, de determinar cuándo un adolescente ha dejado de ser un niño y sobre todo el momento en que esa imprevisible crisálida adolescente se convierte en un adulto, si eso llega a suceder.

Hay adultos que conservan llamativos resabios de otras edades. Vean las ganas de dar la nota de esos dos adolescentes tardíos, Trump y King Jong-un, deseosos de llamar la atención con sus desplantes, sus rabietas, sus amenazas, sus peinados. Quién no ha temido que puedan armarla por pura megalomanía. Son impulsivos, no escuchan a nadie que les lleve la contraria, tienen un concepto sorprendentemente admirativo de sí mismos, son ignorantes, patanes, soberbios, mentirosos, maleducados, se enfadan con aspavientos de cine cómico mientras juguetean con cabezas nucleares. Los pediatras hablan de negociar. No es fácil hacerlo con adolescentes endiosados, caprichosos, quién les retira el botón rojo si les da un berrinche o están perdiendo popularidad en las encuestas.

Ir de vacaciones con niños y adolescentes no es tan arriesgado, pero tiene sus altibajos, no siempre es una delicia. Suena muy prudente el consejo del pediatra de no quitarles la vista de encima (como en el resto del año), lo que es más fácil aunque agotador con niños pequeños, cuando los padres tienen aún cierto predicamento a sus ojos. Pero cómo se vigila o se le dan consejos a un adolescente sin despertar su aburrimiento o agobio, cuando no la rebeldía, la agresividad, el desprecio. ¿Dónde está la frontera de la negociación, cuándo no hay que dar un paso atrás? La preocupación sistemática, a veces obsesiva por los hijos es muy reciente en el tiempo, del siglo XVIII según Lloyd deMause en ‘Historia de la infancia’. Estamos aprendiendo más o menos a tientas.

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