Nevada de torpezas

El caos en las carreteras por el temporal se transforma en una tormenta política

Nevada de torpezas
JOSÉ MARI LÓPEZ
ELCORREO

La recurrente tradición de escurrir el bulto y desviar responsabilidades hacia otro lado en cuanto surge un problema no puede ocultar lo evidente: es inadmisible que miles de conductores queden atrapados durante horas y horas en carreteras de la red principal por una nevada prevista con suficiente antelación. Aunque, como es el caso, su intensidad haya sido algo superior a la esperada. La eficacia exigible en un país avanzado a los servicios oficiales de prevención y de respuesta ante fenómenos meteorológicos que ni siquiera son excepcionales queda muy lejos de las imágenes de caos y justificada indignación que ofrecieron el pasado fin de semana carreteras de toda España. Entre ellas, la autopista de peaje AP-6 -la más afectada, sobre todo en diversos tramos de Madrid, Segovia y Ávila-, pero también la N-1 entre Gipuzkoa y Navarra, o la A-15. Resulta palmario que la Dirección General de Tráfico (DGT) no ofreció la información adecuada para evitar que algunas de las vías de comunicación más transitadas se convirtieran en una ratonera. Tanto como que la empresa concesionaria de la AP-6 -a la que el Gobierno ha abierto un expediente- no habilitó los medios necesarios para hacerla transitable, o que las instituciones vascas y navarras tampoco estuvieron a la altura de las circunstancias. En definitiva, una nevada de torpezas.

Por eso chirría tanto la obsesión de las partes implicadas por echar balones fuera o por culpar a los automovilistas de un colapso que ellas mismas deberían haber impedido. Como es lógico, la oposición ha demandado explicaciones en el Parlamento a los ministros de Interior y Fomento. También ha reclamado el relevo del director de Tráfico, tan torpe en su gestión como en sus explicaciones públicas. Tras varios palos de ciego, el Gobierno y el PP admitieron ayer a regañadientes que «algún error se ha cometido» y pidieron «disculpas». El PP se enfrenta ahora a una tormenta política similar a la registrada en 2009 cuando, tras otro caos en las carreteras, exigió la cabeza de la entonces ministra de Fomento, la socialista Magdalena Álvarez.

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