Fuera música

Las actuaciones musicales también ponen en guardia a los vecinos

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La gobernanza no es una salsa que se le echa a los espaguetis, sino un modo de gobierno avanzado en el que la implicación de los ciudadanos en los asuntos públicos va más allá de lo tradicional: el voto cada cuatro años y la maldición cada sobremesa. Se supone que ese modelo participativo es el futuro -el deseable al menos- y que es en el gobierno municipal donde muestra su esencia de un modo más natural. Por ejemplo: los políticos y los técnicos contando con la opinión de los vecinos a la hora de reurbanizar una zona o mejorar un servicio público. Parece lógico entender que el asociacionismo facilita mucho esa interlocución. Y que lo hace en ambas direcciones: también cuando son los ciudadanos los que desean que el gobierno les escuche.

En Bilbao asistimos al surgimiento de nuevas asociaciones vecinales y eso hace pensar en una sociedad civil despierta y en gente dispuesta a dedicar parte de su tiempo y energía a participar en los asuntos colectivos. Todo estupendo. La perfección tendría que ver en este caso con que los ciudadanos jugasen un papel constructivo, pragmático e independiente, llevando a la política algo del sentido común que pese a todo engrasa la vida real y las relaciones cotidianas. La alternativa consiste en incorporarse al juego de la presión, el ventajismo y la demagogia, es decir, a lo peor de la política, lo que puede resultar efectivo, pero también puede terminar poniendo a las asociaciones frente al espejo paradójico de su propia representatividad.

La diferencia entre una interlocución exigente pero constructiva y el lobbismo de portal está entre otras cosas en una cierta idea de lo común. Ahora algunas asociaciones de vecinos se posicionan contra la iniciativa del Gobierno vasco que permitirá que pubs y bares organicen actuaciones musicales en directo. Lo hacen de un modo preventivo y maximalista, dando por hecho que un trío de folk irlandés (pongamos por caso) tocando (bien) en un pub a las ocho de la tarde afectará a «la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos». El draconismo asusta y entristece. Unos vecinos que apuestan por la prohibición en lugar de por el control y se erigen, como tantos políticos, en portavoces de lo que parecen repentinas mayorías parapsicológicas.

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