Museo del disparate

Disfruto estos días de la polémica exposición que ha llegado de China y lo hago sin pisar el Guggenheim

Varias personas observan 'El teatro del Mundo' del artista Huang Yong Ping, con animales e insectos vivos, en el Guggenheim./
Varias personas observan 'El teatro del Mundo' del artista Huang Yong Ping, con animales e insectos vivos, en el Guggenheim.
IÑAKI EZKERRA

Disfruto estos días de esa famosa y polémica exposición que ha llegado de China al Guggenheim bilbaíno con un par de urnas gigantes en las que unos cuantos anfibios, reptiles e insectos hacen lo que les es propio: devorarse unos a otros. Disfruto, pero sin pisar el Guggenheim porque el verdadero museo es el que está fuera de ese tortuoso edificio: el museo de los disparates que soltamos la fauna humana con motivo de ese dichoso numerito zoológico que fue censurado en Nueva York. Para empezar, ya es una licencia literaria, por no decir un absurdo fraudulento, hablar de ese guateque puramente biológico como de un 'perfomance', anglicismo que el Diccionario de la RAE acepta, pero que define como «actividad artística que tiene como principio básico la improvisación y el contacto directo con el espectador». No seré yo quien critique a los sapos, serpientes, lagartos y tortugas que se alimentan de dípteros o coleópteros, pero tampoco quien se obstine en ver en ellos una voluntad artística que no tienen y menos una improvisación creativa, que para sí la quisieran los pobrecillos. Oscar Wilde dijo que «la naturaleza imita al arte», pero esa frase no es un axioma ni un dogma que haya que tomarse a pies juntillas, sino una ironía. Eso lo dijo para quedarse con nosotros, como se ha quedado Huang Yong Ping con su colección de bichos a la que llama 'El teatro del mundo'.

Teatro es lo que hace él. Ni los ofidios ni los bufónidos, cuando se zampan insectos o arácnidos al natural, hacen teatro. Ni los mamíferos, cuando copulan en un monitor (al parecer hay un vídeo en el que se aparean dos cerdos), están haciendo arte. Hacen algo mecánico, instintivo y bastante antiestético que no les dictan las musas sino la especie. Un perfomance es una interpretación. Y los animales no interpretan. Eso es lo que tienen de bueno. No están maleados como lo estamos los humanos. Nos lo dijo Rilke en la primera de sus Elegías duinesas: «...y ya saben los astutos/ animales que no nos sentimos muy seguros en casa,/ dentro del mundo interpretado».

Cómo sentirnos seguros con unos responsables de ese museo que interpretan tan mal su papel y que sostienen muy serios que esos ejemplares enjaulados no sufren cuando en el reino animal, por pura definición, los más débiles siempre han servido de menú a los más fuertes y cuando es justamente eso lo que nos quiere decir el 'artista' cuando declara a los medios que su «obra» es «una metáfora de la era de la globalización y del modo en que las sociedades modernas controlan a las personas». ¿En qué quedamos? ¿Se nos quiere mostrar la civilización o la selva que ésta lleva dentro? Cómo sentirnos seguros con gente que dice que está «a favor de los derechos de todos los seres vivos». ¿Tienen derechos los virus a contagiarnos? ¿Tienen deberes? ¿Cómo, si nos matan, podremos sentarlos en un banquillo?

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