Museo del Athletic: pasEO por la grandeza

Sería bueno para la ciudad y el Athletic que el club tratara de promocionar el museo y el resto de las instalaciones de San Mamés, que los incluya en los circuitos turísticos

Jon Rivas
JON RIVAS

La primera vez que los vi, los trofeos del Athletic se almacenaban en los bajos del palacio de Ibaigane. Estaban todos, hasta los que el club, en una jugada maestra, había donado en los últimos meses de la Guerra Civil para contribuir al «esfuerzo bélico del bando nacional». Se organizó un acto solemne en San Mamés, se oficializó la entrega y firmados los documentos preceptivos, los trofeos regresaron a los anaqueles del club, porque los gerifaltes civiles y militares del dictatorial régimen naciente se quedaron satisfechos con el gesto. El metal no se fundió y se preservó el recuerdo de medio siglo.

Cuando el Athletic reconstruyó Ibaigane, que había sido gobierno militar, guardó los trofeos en el sótano; bien ordenados, pero ocultos a la vista del público. Sin embargo, el club rojiblanco no restringía el acceso a esa sala de trofeos. No se hacía publicidad pero los más curiosos podían concertar una cita y visitar la cripta sagrada que protegía los tesoros. «Vienen nueve o diez personas al mes», me comentó en su día el entonces responsable de prensa del club. No se puede decir que aquello fuera una sala de exposiciones.

Pero cambiaron los tiempos. El club decidió habilitar parte de la tribuna alta de San Mamés para construir su primer museo. Era un espacio reducido, pero cumplía su función. El sótano de Ibaigane se convirtió en txoko y sala de prensa y a San Mamés comenzaron a acudir curiosos de forma regular, para ver la exposición permanente y las que el buen tino de Asier Arrate, el responsable de perpetuar la memoria rojiblanca, fue habilitando. La de mister Pentland fue una de las más exitosas, pero hubo unas cuantas más, todas interesantes. El periplo se podía complementar, además, con una visita guiada al campo y sus instalaciones. El museo empezó a tener bastante éxito. Cualquier seguidor del Athletic, sobre todo de fuera de Bilbao, tenía la visita al museo en su agenda, pero el derribo del viejo campo provocó que durante un larguísimo lustro no haya sido posible cumplir ese deseo.

Justificados o no, los retrasos de más de un año en los plazos han supuesto que miles de personas se hayan quedado con las ganas de darse una vuelta por la historia del Athletic. El club, en su línea de opacidad informativa, no ha dado muchas explicaciones sobre el asunto. Ni las dará, claro.

Ha sido demasiado tiempo, pero por fin se inaugura. Son 1.300 metros cuadrados, se supone que bien aprovechados, y ahora que está de moda tratar de ahuyentar al turista de otros destinos, algunos de ellos bastante cercanos, se convierte en un aliciente más para visitar Bilbao.

Sería bueno para la ciudad y el Athletic que el club no cayera en la tentación de adoptar ese tono endogámico que a veces utiliza en otros terrenos y tratara de promocionar el museo y el resto de las instalaciones de San Mamés, sobre todo fuera de Bilbao y de Bizkaia; que lo incluya en los circuitos turísticos sin miedo alguno.

Bien está que el fútbol rojiblanco sea de los athleticzales, que las gradas en día de partido se llenen de camisetas rojiblancas y que La Catedral no se vea invadida de turistas con camisetas del Madrid o el Barça, pero el resto de la semana hay sitio para todos en el museo. Quién sabe: puede que más de un turista que llegue despistado detrás del paraguas de un guía, acabe convirtiéndose a la fe rojiblanca y en apóstol del Athletic en tierra de gentiles después de darse un paseo por la grandeza del club.

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