Músculo industrial

-Editorial-

La pujanza del sector es una garantía de prosperidad para Euskadi, que afronta el reto de aumentar su peso en la economía

Músculo industrial
Maika Salguero
ELCORREO

El elevado peso de la industria en la economía de Euskadi constituye un hecho diferencial con raíces históricas, que es imprescindible preservar y reforzar. La pujanza de este sector es una garantía de prosperidad y de que el País Vasco conserva un lugar destacado en la vanguardia tecnológica mundial. Por eso, el reto del Gobierno vasco de aumentar hasta el 25% la presencia de esta actividad en el PIB para 2020 debe convertirse en una prioridad estratégica. La sorprendente entrada del Ejecutivo autónomo en el accionariado de CAF ha causado una comprensible controversia por las singulares características de la operación. La polémica suscitada no es óbice para que las instituciones recurran a herramientas novedosas y hasta ahora inéditas, o casi, que fortalezcan -siempre dentro del respeto a la libre competencia- el tejido industrial vasco. Por ejemplo, el fondo inversor con capital público y privado previsto en el acuerdo de Gobierno PNV-PSE, que aún está lejos de captar los recursos planteados (250 millones), cuya modestia limita su margen de actuación.

La competitividad del sector en Euskadi se fundamenta en una avanzada tecnología, productos de alto valor añadido y una mano de obra muy especializada. En otras palabras, en un sello de calidad que las empresas vascas se han ganado a pulso y que permite, incluso a las de muy reducida dimensión, acceder a mercados de todo el planeta en una economía tan globalizada como la actual. El futuro pasa por aplicar ese buen hacer a la fabricación inteligente, la industria 4.0, que va a someter al sector a una revolución sin precedentes. Hacerse un hueco relevante en ella es una tarea ineludible, a la que debe contribuir una política industrial con objetivos claros y las herramientas necesarias para cumplirlos. Euskadi precisa intensificar sus esfuerzos en innovación e investigación, atraer o alumbrar nuevos proyectos tractores, incrementar el tamaño de sus empresas para hacerlas más competitivas y mantener una decidida apuesta por la internacionalización. Todo ello, combinado con actuaciones que blinden el arraigo de compañías emblemáticas -tras los reveses que han supuesto algunas operaciones ejecutadas en los últimos meses-, la permanencia de centros de decisión y una continua adaptación del sistema educativo a las necesidades reales de la economía.

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