Mossos y masas

El independentismo se apresta a jugarse el 1-O a dos cartas: la actitud de la Policía catalana y la movilización ciudadana

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Faltan cuarenta y ocho horas para el 1-O. Tiempo más que suficiente para que puedan producirse todavía unos cuantos movimientos más en la partida que libran el soberanismo catalán y el Estado en torno al referéndum ilegal de autodeterminación convocado por la Generalitat. Movimientos como el que tuvo lugar en la tarde de ayer en Igualada donde la Guardia Civil se incautó de un centenar de urnas -las primeras que se requisan-, 2,5 millones de papeletas y otros 4 más de sobres.

Aun así, parece meridianamente claro que el independentismo catalán se apresta a jugársela pasado mañana domingo a dos cartas. La de los Mossos (d’Esquadra) y la de las masas.

Carles Puigdemont y su conseller de Interior, Joaquim Forn, fueron absolutamente cristalinos en y al término de la Junta de Seguridad que se celebró ayer en el barcelonés Palacio de Pedralbes a iniciativa del president. La representación catalana, de la que formó parte el mayor de los Mossos, Josep Lluis Trapero, avisó a la del Estado que la Policía autónoma no cerrará centros de votación, como le ha ordenado el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, cuando entienda que existe riesgo de que si lo hace ello propicie desórdenes públicos.

«No negamos ni obviamos lo que ha dicho una magistrada, pero queremos dejar claro que lo importante es la salvaguarda de la convivencia ciudadana», concretó el titular de Interior. Un duro entre los duros, al que Puigdemont incorporó a su Govern en la última remodelación que llevó a cabo hace escasas semanas, tras excluir de su gabinete a los más tibios.

Forn, que la víspera no había dudado en acusar a los guardias civiles y policías nacionales que han llegado estos días a Cataluña de buscar «alterar el orden público», no quiso ser más preciso respecto a las condiciones en las que los Mossos renunciarían a precintar centros de votación. «No se pueden generar problemas más grandes de los que se quieren evitar», agregó.

Horas antes la Asamblea Nacional Catalana (ANC), el gran sostén social del secesionismo, repartía instrucciones internas a sus organizaciones territoriales de cara al domingo. Las ‘órdenes’: madrugar para estar en los colegios electorales a las 7 de la mañana con el fin de lograr ‘colas gigantes’ para consumo de digitales y televisiones en las horas siguientes. Además de «resistencia pacífica, cero violencia y máxima audacia».

La organización que lidera Joaquim Sánchez ha pedido encarecidamente a los suyos: «no enfrentarse en ningún caso a los Mossos». Cuando no se pueda entrar en un colegio electoral «seguir pacientemente en cola el tiempo que haga falta como forma de protesta»; en ningún caso organizar «una votación alternativa».

Así que preparémonos para observar cómo la Policía catalana permite votar en algunos colegios rodeados por cientos-miles de ‘indepes’, además de en pequeñas localidades. Que luego lo impidan Guardia Civil o Policía Nacional puede formar parte del previsible guión.

Todo apunta a que el soberanismo se conformará con fotos de masas si no logra sumar suficientes votos.

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