La mordaza invisible

La mordaza invisible
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

No es que el PP tema el desplome en las urnas. Lo que de verdad le da miedo es que ese derrumbamiento le pille debajo y lo aplaste. Lo que era el cuento de nunca acabar se ha convertido en el recuento inacabable porque no le salen las cuentas. Ni a él ni a nosotros. Todos sabíamos que si la tenacidad es una virtud, el presidente del Gobierno es un virtuoso. Lo tiene todo, excepto esa cosa misteriosa que llaman atractivo, pero su fuerte es tutearse con la espera sabiendo que lo que se aguarda acaba por llegar. Todos sabemos que su propósito, sin duda legítimo, es terminar la legislatura antes de que se termine la paciencia de sus electores. Albert Rivera ha abierto la cacería porque Ciudadanos se ha anotado, por primera vez, la victoria de un partido constitucionalista en Cataluña y eso siempre es un gustazo, sobre todo porque ha debido de disgustarle al prófugo Puigdemont, que sabe que si pisa España ingresará, con todos los deshonores, en la cárcel.

El sabio consejo de aquel empresario que instaló un gran letrero en su sala diciendo que en caso de incendio no había que alarmarse tiene notables imitadores políticos. Según las macroencuestas, ya que no hay ningún sondeo de opinión que se considere pequeño, los dirigentes más cercanos le piden a Rajoy que comparezca para dar explicaciones. Se trata de aclarar por qué su partido ha sufrido una progresiva disminución de votantes. En gran número se han pasado a votar a Albert Rivera, que promete mejor sobre el futuro de las pensiones, que es un tema tan candente que nadie se atreve a coger en sus manos por temor a achicharrarse. Todas las medidas son urgentes, pero ninguna corre demasiada prisa. Se acabó febrero, que ha resultado corto por las dos puntas, y Ciudadanos se ha sumado al ataque por la ‘ley mordaza’. Hay que avisar a todos: no pisen la ley, porque muerde.

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