misil

En cuanto se ponen gallitos enseguida empiezan a medirse a ver cuál tiene el alcance más largo

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

No sé quién le rapa el pelo a Kim Jong-un, pero parece el primo del que le afeitaba el bigote a Hitler. Profesa el mismo estilismo capilar. Un estilismo ridículo en la forma y terrorífico en el fondo, como de autocastigo. Una vez una arquitecta me contó que sus colegas varones eran más fálicos que las mujeres a la hora de proyectar edificios. Los líderes mundiales machos, muy machos, también parecen haber contraído ese vicio. En cuanto se ponen gallitos enseguida empiezan a medirse los misiles. A ver cuál tiene el alcance más largo. El líder de Corea del Norte presume de que con su nuevo misil puede llegar a cualquier lugar del mundo. Vamos, que ese misil es como una chica mala. Las buenas, según la leyenda, van al cielo. Y las malas, a todas partes. No le doy mucho crédito a Kim Jong-un porque en lo tocante a misiles lleva ya a sus espaldas unos cuantos gatillazos y porque dime de qué presumes y te diré de lo que careces... Además, un instinto de conservación ancestral me obliga a ser optimista y a confiar en que mañana volverá a salir el sol, que nuestras vidas no dependen de la pulsión repentina de un tarado impredecible... ¿O quizás sí?

Bueno, pues en ese caso aprovechemos para hacer eso que teníamos pendiente, eso que siempre quisimos realizar y fuimos posponiendo, antes de que nos caiga el misil. Pedro J. Ramírez nos lleva la delantera. Él antes de que le caiga el misil se ha separado de Ágatha Ruiz de la Prada. Tras treinta años juntos y tres meses de casados. ¿Por qué se casaron después de 30 años juntos si él estaba a punto de separarse? Es algo que Ágatha no se explica, igual que los demás no nos explicamos sus diseños. La cosa es que a Pedro J. le entró una prisa repentina y decidió que quería ser feliz, más feliz que nunca, pero ya mismo, sin esperar a mañana. Tal vez disponga de información que los demás ignoramos...

Luego el bombazo se lo lanzó a él De la Prada enviándole (¿por mensajero?) sus 30.000 libros. Muchos de ellos, sobre Churchill. Un hombre con 30.000 libros (y sobre Churchill) casi me parece tan obsesivo como Kim Jong-un. Pero ya dice un adagio que al hombre no lo mata el huracán ni el terremoto. Lo matan sus pertenencias... Cuando le caen encima. Como un misil.

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