Mensaje solidario

La oferta de Sánchez para acoger a los migrantes del 'Aquarius' rechazados por Italia contrasta con la indiferencia dominante en la UE

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EL CORREO

La decisión del presidente Pedro Sánchez de ofrecer el puerto de Valencia para la acogida de los 620 migrantes rescatados por el buque 'Aquarius' entre Italia y Malta responde a un impulso político ineludible ante semejante emergencia humanitaria. También a una disposición de fondo para que las actitudes de rechazo hacia quienes buscan refugio y futuro entre nosotros no se conviertan en la única voz de Europa. La inmediata reacción del ministro de Interior italiano, el ultra Matteo Salvini, alegrándose de la «victoria» lograda al haber desviado la nave hacia otro país y los mensajes de agradecimiento enviados a Sánchez por los primeros ministros de Italia y Malta muestran hasta qué punto la xenofobia, la insolidaridad y el cinismo están condicionando la política de la UE en esa materia. Hasta qué punto las instituciones de la Unión están atenazadas e impasibles celebrando la iniciativa del Gobierno español como si no se vieran afectadas más que para debatir sobre el asunto mañana miércoles en el Parlamento europeo. Sin embargo, la medida impulsada por Sánchez, a la que en un acto de generosidad se ha sumado el Gobierno vasco con su disposición a acoger a un 10% de los migrantes, podría quedarse en un guiño solidario -o algo peor- si no son atendidas las advertencias de Médicos Sin Fronteras. La ONG responsable del 'Aquarius' junto a SOS Mediterranée considera urgente desembarcar a los migrantes en el puerto más próximo y ha recordado que una singladura de casi mil millas con tantas personas a bordo durante tres días -los necesarios para llegar a Valencia- entraña serios riesgos de navegación y de salud para sus ocupantes. Salvini ha resuelto cerrar los puertos italianos, a pesar de que la guardia costera del país continúa cumpliendo con su obligación de salvar a los náufragos que huyen del horror y de la pobreza. Sánchez ha respondido a un drama que pone a prueba la conciencia y la solidaridad de todas las sociedades europeas con un gesto de acogida cuyo desenlace final no está aún claro. Un gesto importante porque visibiliza la posibilidad de una actuación alternativa a la indiferencia dominante. Pero insuficiente porque se trata de que la UE se comprometa como tal en el empeño por abrir las puertas a la migración más necesitada y, sobre todo, al refugio de personas con derecho a asilo. Aunque sea para que esas puertas permanezcan abiertas en aquellos países que sintonicen con la obligada acogida del 'Aquarius'.

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