Menores y violencia: algo falla

Los tres crímenes cometidos por adolescentes en Bilbao en un mes obligan a una profunda reflexión

Menores y violencia: algo falla
EL CORREO

¿Cómo es posible que chavales de 14 años maten a un indefenso matrimonio de avanzada edad en su propio domicilio con un salvaje ensañamiento? ¿Qué ha convertido no ya en ladrones, sino en asesinos, a chicos que teóricamente acaban de abandonar la niñez? ¿Qué cadena de fallos ha permitido que hayan campado a sus anchas por nuestras calles sin que ninguna señal de alerta empujara a las instituciones a adoptar medidas preventivas? Grupos de menores han protagonizado tres muertes violentas en Bilbao en apenas un mes: al doble crimen de una pareja de 87 años en Otxarkoaga, que ha generado una comprensible conmoción social, se suma el homicidio de un vecino de Amorebieta. Un dato demoledor que refleja un preocupante salto cualitativo en la violencia juvenil. Estamos, sin duda, ante una acumulación de hechos absolutamente excepcional, que no se corresponde con los altos niveles de seguridad existentes en Euskadi. Sin embargo, sería un craso error caer en la autocomplacencia y atribuir la inquietante escalada de las últimas semanas -que incluye brutales agresiones o una violación en manada en Barakaldo- al puro azar estadístico, a la coincidencia en el tiempo de sucesos «puntuales». Desde hace años crecen los delitos cometidos por menores y las denuncias de padres agredidos por sus propios hijos. El sistema de integración de jóvenes conflictivos ofrece alentadores resultados. Pero sería conveniente abrir una profunda reflexión para, a la luz de la realidad, evaluar posibles mejoras. Las más elementales: reforzar los mecanismos de control y coordinación. Porque es evidente que algo ha fallado cuando dos detenidos por los crímenes de Otxarkoaga, pese a su corta edad, tienen antecedentes por robo con violencia y un historial de enorme agresividad escolar. Y, por tanto, deberían hallarse en el radar de la Fiscalía de Menores, las autoridades educativas, la Policía... Y de los servicios sociales: ambos han estado bajo la tutela de la Diputación de Bizkaia y se habían escapado de centros forales. El lógico garantismo de la normativa sobre esta materia no debe impedir la máxima severidad en las sanciones de hechos tan graves. Por justicia y para alejar cualquier atisbo de impunidad. Todo ello, sin cuestionar el deseable objetivo de reinsertar y alejar de la marginalidad social a la ínfima minoría de jóvenes que está en el fondo de este problema.

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