Todo es mejor... cuando conviene

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Cuando uno se hace mayor, y esa es una materia en la que he hecho grandes progresos, ya sabe que los políticos dejan un amplío margen de maniobra entre lo que dicen y lo que hacen. Y también que, a pesar de que siempre se presentan como un ejemplo de coherencia y se proclaman los adalides de la sensatez, nada de eso fragua si no se le añade a la mezcla el catalizador de la oportunidad política. Ayer tuvimos un buen ejemplo.

No hace falta esforzarse mucho para justificar el apoyo a la propuesta de techo de gasto presentada por el Gobierno. Y nada en absoluto si se pertenece al grupo de la gente que considera necesario cumplir con Bruselas, mantener el rigor de las cuentas públicas y sustentar el crecimiento sobre la estabilidad macroeconómica.

Incluso, si prefiere deambular por los aledaños de la complacencia populista, también tendría sus motivos para estar contento. El techo de gasto es mayor que el del ejercicio pasado, es decir, el conjunto de las administraciones podrán gastar más. Una situación que les encanta a los gobernantes y que es consecuencia de los apuros políticos del Gobierno y de la esperanza de una mayor recaudación, inducida por un crecimiento económico vivo. Por eso se gasta más y se amplía el déficit consentido a las Comunidades Autónomas, para que el contento sea general.

¿Lo es? No, claro. Ya le he dicho en el primer párrafo -hay que estar atento-, que nada fragua si no se le añade el ungüento mágico de la conveniencia política de cada momento. Por ejemplo, el PSOE. Aprobó el techo de gasto presentado del año pasado y lo rechaza éste antes incluso de conocer su monto y eso a pesar de que este año se gastará más. ¿Entonces? Pues entonces le recuerdo que fue la Gestora quien lo aprobó y que es Pedro Sánchez quien lo rechaza. ¿Actitudes consecuentes? No, actitudes convenientes para cada uno.

Otra más. El portavoz en el Congreso del PNV promete su apoyo «por sensatez y responsabilidad» y porque prefieren la estabilidad al caos, a la vez que anuncia que el apoyo es «momentáneo» y que ya veremos qué pasa con los presupuestos. ¿También es momentáneo el caos? ¿Lo hay ahora, pero no lo habrá sin presupuestos en 2018?

¿No será más bien que todos estos nobles conceptos de estabilidad y responsabilidad se aceptan mejor cuando hay contrapartidas por el medio, es decir, conveniencias particulares? No lo dude, así es. Es tan evidente, se les ve desde tan lejos....

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