la cup marca el verano

La coacción, cuando existe vacío de poder, da sus frutos

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Que la CUP iba a condicionar la agenda estival catalana sin que la Generalitat pudiera rechistar, aunque quisiera, era una situación que se daba por amortizada. Pero que las juventudes de la izquierda abertzale, Ernai, que han hecho caso omiso de las indicaciones de Otegi para no utilizar la coacción en las protestas, hayan absorbido la marca de la casa de los independentistas catalanes ha desbordado todas las previsiones. Los radicales vascos llevaban ya mucho tiempo emulando las manifestaciones de desconexión con España que, con tanta intensidad, se han venido produciendo en los últimos años en Cataluña. Y la plataforma ‘Gure Esku dago’ ha seguido la estela de las ‘cadenas humanas’ catalanas sin lograr que la participación en sus demostraciones y consultas haya sido tan numerosa como las originales catalanas. Entre otras cosas porque el sentimiento independentista en Euskadi sigue en caída libre, según los últimos sondeos, y porque el Gobierno vasco y el PNV se mantienen firmes en la defensa de la legalidad vigente.

Aun así, la excusa de la causa contra el turismo de aluvión le ha venido bien a la izquierda abertzale aunque en Euskadi no se esté dando un turismo masificado. Le ha brindado una oportunidad para la movilización y la visibilidad en un momento de estancamiento político interno. Por eso cualquier causa contra el sistema establecido está siendo aprovechada por el entorno de EH Bildu, que no acaba de encontrar la fuerza electoral que imaginó cuando la sombra alargada y amenazante de ETA condicionaba el debate político de este país. Los objetivos que persiguen tanto la CUP como EH Bildu (y ERC en los días pares) son tan similares que el pasado sábado se manifestaron juntos por las calles de San Sebastián. El mundo de Batasuna, que suele celebrar el primer día de la Semana Grande donostiarra a su manera (es decir, con una manifestación en favor de los presos de ETA, generalmente) dedicó su pasacalles al ‘procés’ catalán. Y los de la CUP, que habían participado recientemente en el homenaje al preso de ETA fallecido de un infarto, tan agradecidos.

En Cataluña, donde tienen a Puigdemont cogido por las gafas con el referéndum ilegal, han visto que la coacción, cuando existe vacío de poder, da sus frutos. Y en Cataluña, ante la falta de autoridad de unos gobernantes que van jactándose de su desacato a las leyes, los de Arran se arrogan el poder de decidir quiénes pueden y quiénes no pasear tranquilamente por las calles de la ciudad condal o por la orilla de las playas. Y van radicalizando su agresividad. Entre otras cosas porque sus mayores de la CUP los justifican mientras siguen exigiendo expropiaciones. Después de la estrambótica idea de convertir la Catedral de Barcelona en un economato, ahora quieren expropiar hoteles y parques temáticos. Se les suele alinear con el viejo anarquismo catalán pero son, sobre todo, anticapitalistas. Procedentes de la extrema izquierda que en los últimos años del franquismo estaban organizados en torno a OIC. Un grupo de izquierda comunista que se definía como marxista-leninista y que sostenía que «los obreros no tienen patria».

Ahora tienen tan asimilada la necesidad de la intimidación que han llegado a reconocer que si el referéndum no se celebrase, el recurso a la violencia sería inevitable.

Empezaron ‘batasunizando’ su movimiento. Y ahora es la izquierda abertzale quien secunda su campaña. Su táctica es de manual. Primero, infundir miedo. Después ya se provocará el debate. A ver quién se atreve a discrepar.

Su cartel dio juego la semana pasada. Con la idea de barrer a corruptos y capitalistas. Una copia calcada de la propaganda leninista. Con la diferencia de que quien empuñaba la escoba no era el camarada Lenin sino una mujer.

A los antiguos convergentes hace tiempo que se les fue de las manos el timón de la política catalana. Se lo arrebataron los antisistema. Pero como el gobierno de la Generalitat depende de ellos para no caerse del podio, están maniatados a quienes les arrastran hacia el abismo.

Por mucho que las juventudes de la izquierda abertzale quieran emular a la CUP, nada será igual. El Gobierno vasco, a diferencia de la Generalitat , ha elegido la vía pactada y el respeto a la legalidad vigente. Ni Cataluña es Kosovo ni Euskadi es Escocia. La gran diferencia reside en la Constitución española. Como todo el mundo sabe.

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