El PNV marca perfil

Su propuesta para reformar el Estatuto de Gernika choca con la legalidad que invoca el partido

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EL CORREO

Las frontales discrepancias entre los partidos que evidencian las propuestas para actualizar el Estatuto de Gernika reflejan con toda nitidez los enormes obstáculos que habrán de superar para acordar una reforma viable. Por tal se entiende que cumpla dos condiciones: ser respaldada por una mayoría política en Euskadi -lo más amplia y transversal posible- y también en el Congreso de los Diputados, donde el PP y los socialistas son las principales fuerzas. La nítida identificación del principal escollo con el que tropieza un pacto de esa índole, tan deseable y a la vez tan complejo de articular, debería ayudar a encontrar una salida -por ejemplo, apartarlo- en vez de enredarse en un imposible. El problema no es otro que el denominado derecho a decidir. El clásico derecho de autodeterminación. El PNV ha decidido incluirlo en el ‘nuevo estatus’, en el que plantea una relación bilateral con el Estado en pie de igualdad y que Euskadi sea reconocida como «nación». Tales aspiraciones, que combina con la «no ruptura» con España, son tan respetables como difíciles de conciliar con el principio de legalidad que invoca ese mismo partido. Utilizar como percha jurídica de esos objetivos la disposición adicional de la Constitución que reconoce los derechos históricos vascos puede ser un hábil ejercicio de esgrima del Derecho, pero con un recorrido muy limitado. Por mucho que se hurgue en la letra y en el espíritu de ese apartado, nunca se llegará donde pretenden los jeltzales sin violentar otros preceptos básicos de la propia Carta Magna. Es comprensible que el PNV marque perfil nacionalista al inicio de las negociaciones con unos planteamientos tan ambiciosos que incluso ha aplaudido EH Bildu. Pero, pese a sus evidentes esfuerzos por buscar una vía posibilista, no desconoce los márgenes en los que puede moverse una reforma susceptible de ser sometida a referéndum. Máxime en un contexto político condicionado por el terremoto catalán y en el que el PSOE apenas ha mantenido en pie unas semanas su propuesta de Estado plurinacional. El realismo que ha demostrado el PNV al arrinconar, por inviable, la consulta habilitante deberá emplearlo para acordar un texto que mejore el autogobierno y suscite un mayoritario apoyo entre las plurales sensibilidades políticas que conviven en Euskadi. Ese mismo esfuerzo de generosidad, diálogo y entendimiento es exigible al resto de los partidos.

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