Maduro rompe la baraja con España

Maduro rompe la baraja con España
EL CORREO

La expulsión del embajador español en Caracas al ser declarado ‘persona non grata’ por la beligerante arbitrariedad del Gobierno de Venezuela no podía encontrar otra respuesta que la recíproca retirada de credenciales al representante del régimen bolivariano en Madrid. España es, a la vez, la fuente de las críticas exteriores que más incomodan a la incalificable trama de poder que hoy encabeza Nicolás Maduro y la referencia más adecuada para hallar vías de intermediación para restablecer la democracia pluralista en aquel país. Ambas circunstancias responden a lazos remotos en la historia, y a los vínculos que españoles y venezolanos -en muchos casos, de doble nacionalidad- mantienen hoy en día a pesar de los avatares. Y ambas son la causa que encrespa al régimen venezolano cuando se decide a tensar la cuerda de las relaciones bilaterales para advertir de que no admite ser interpelado a diario en su mismo idioma. Y que no desea otros ‘buenos oficios’ de origen español que aquellos que contribuyan a sostener su manera de superar en tosquedad el caudillismo autoritario chavista. La expulsión del embajador español en Caracas no tiene lugar en un momento cualquiera, sino cuando Maduro trata de tomar la iniciativa con la convocatoria de unas elecciones presidenciales para perpetuarse al frente de la República. La confrontación con España adquiere, para sus intereses, el doble valor de apuntar como enemigo exterior al país europeo más cercano a los venezolanos, y de anularlo como fuente de iniciativas de diálogo con la oposición. Maduro cuenta con la seguridad de que la retirada mutua de embajadores no va a impedir el cumplimiento de los compromisos contraídos por España en materia de cooperación ni la suspensión de las relaciones comerciales en curso, pese a las sanciones impuestas por la UE en su conjunto. Cuenta, en suma, con que la sensibilidad solidaria española y europea será siempre mayor que la que la nomenclatura bolivariana dispensa a las necesidades y aspiraciones de los venezolanos. Por eso resulta necesario que las medidas de respuesta a las bravatas y desconsideraciones hacia España y hacia la Unión se dirijan, con nombres y apellidos, contra los responsables políticos del régimen que administra Maduro. No por sus palabras, sino por su contumacia en actos que denigran la condición de seres humanos con derechos de sus propios conciudadanos.

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