La madeja

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Unos independentistas se declaran independientes de otros, pero entre todos han batido de nuevo el récord y más de 2.100 empresas catalanas se han fugado en un mes. La desbandada se ha convertido en estampida mientras Puigdemont, que es hombre de tan rara doctrina que sólo la descifra él, aunque le sigan muchos, sigue sin hacer cuentas. Si alguien le pregunta que dónde va a parar, él responde que es la respuesta lo que de verdad importa porque no va a parar nunca. Ahora, el presidente de Freixenet también avisa de que si la situación no mejora podría trasladar la sede fuera. La Navidad se acerca y el gineceo, poblado por líquidas muchachas teñidas de rubio, también se dispone a emigrar. Sólo algunos le seguiremos siendo fieles al champagne pseudónimo. No se merece que le abandonemos, aunque crezca la campaña que nos incita a no consumir productos catalanes, con la excepción de Eugenio d’Ors y Dalí, ahora acusados de «franquistas». El empeño es separar y eso siempre cuenta con muchos adeptos. ¿Es tan difícil ser a la vez españoles, catalanes y europeos? A mí, aunque sea insignificante el ejemplo, no me ha costado ningún trabajo durante muchos años.

Según el BBVA, la crisis política costará entre 0,2 y 1,1 puntos al PIB español. Al perro flaco todo se le vuelven pupas, además de pulgas, pero seguimos hablando de otras cosas tan trascendentes como el uniforme de la selección de fútbol. ¿A ustedes les gusta? A mí tampoco. Es una birria, por decirlo suavemente. Lo que nos preocupa y ocupa cuando nos liberamos de la preocupación es que se hable de «presos políticos» y de «golpe de Estado», que son los dos temas favoritos del inevitable don Carles, que sigue tirando de la madeja aunque no haya ovillo. La solución, en el supuesto de que exista, la sabremos en vísperas de la Navidad. Cuando nos recuerden que todos somos hermanos por unos días.

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