Machín se lo merece

Goles al arcoiris

El técnico del Girona ha sido un ejemplo de convicción y perseverancia

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Me gustó ver disfrutar a Pablo Machín el domingo en Montivili. Era su gran momento. El hombre, tras agradecer a sus pupilos el fantástico trabajo que habían realizado ante el Real Madrid, atendió a la prensa con los ojos todavía brillantes por la emoción y haciendo verdaderos esfuerzos para no abrazar y estampar besos en la mejilla a los periodistas que se le acercaban con un micrófono. Si me gustó esa imagen radiante de Machín fue por dos motivos fundamentales. El primero, porque su equipo ganó en buena lid. Quiero decir que su victoria no sólo tuvo la gracia de ver al pequeño comerse al grande, sino la de ver cómo se lo comía. El Girona fue claramente superior al Real Madrid, de la misma manera que él, Pablo Machín Díez, un chico de Soria que no pudo pasar de jugar en Tercera y se forjó como técnico trabajando durante once años en las categorías inferiores del Numancia, es decir, un tipo que ha visto brillar rayos C en las puertas de Tannhäuser de los campos castellanos más humildes, fue muy superior a Zidane, último premio ‘Best’ al mejor entrenador del mundo.

El segundo motivo es que el Girona y Machín merecían una reparación. Sí, ya sé que el fútbol no tiene deudas, como tampoco las tiene el parchís, y que no puede ser justo o injusto. Pero ya saben a lo que me refiero. No seamos picajosos con nuestras viejas convenciones, siempre tan mullidas. El fútbol le debía una alegría a esta gente desde la catástrofe de 2015. Recordémosla. Jugaba el Girona en Montivili el último partido de Liga y un gol del Lugo en el minuto 93 le impidió ascender directamente a Primera. En la promoción, ganó al Zaragoza por 0-3 en La Romareda y en la vuelta, cuando el ascenso ya parecía un trámite, los maños se impusieron por 1-4.

Si Machín no colgó entonces las botas (o se colgó a sí mismo) fue porque es un castellano recio que no se rinde fácilmente. Volvió a demostrarlo la siguiente temporada. El Osasuna les ganó en la promoción de ascenso y quien más quien pensó que lo del equipo catalán era una maldición que tendría que ver con la tramontana, con el ‘procés’ o con el espíritu del negro de Bañolas, que sé yo. Me alegró saber que todo esto eran tonterías cuando en junio por fin ascendió. Y, por supuesto, me alegró su hazaña del domingo. Pocos entrenadores se merecían tanto como Machín una satisfacción así.

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