En el lugar del otro

El animal de bellota suele ser muy susceptible con todo lo suyo aunque lo suyo sea el discurso del desprecio

En el lugar del otro
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Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Los neurólogos españoles han logrado rehabilitar a veinte maltratadores condenados por violencia de género mediante unas gafas de realidad virtual. No es una broma. Al parecer el método consiste en usar la tecnología de simulación para hacerles sentir el mismo pánico que sintieron las mujeres a las que agredieron, o sea en meterles en el cuerpo de sus maltratadas y enfrentarlos a un avatar que adopta el rol del maltratador que ellos fueron. De lo que se trata es de que se pongan en el lugar de la víctima en el sentido más literal de la expresión y en que comprendan, sintiéndolo en sus propias carnes o al menos en sus propias mentes, el terror y el dolor que han causado.

Ponerse en el lugar del otro. Ésa es la clave del experimento realizado por el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer de Barcelona. Ese es el principio básico no sólo del Cristianismo sino de todo sistema de convivencia social que se precie de llamarse de ese modo y hasta de la propia ciencia médica. Sólo entendiendo lo que el maltratador no entiende (que el otro sufre con lo que le haría sufrir a él) se puede vivir en una sociedad de forma decente y se pueden descubrir vacunas contra las enfermedades. Y es que, si piensas que el otro no sufre con lo que sufres tú -cosa de la que nos intentan convencer todas las ideologías xenófobas, racistas, etnicistas y supremacistas- no es que no se pueda vivir en paz. Es que no se podría haber descubierto ni la penicilina. Toda la historia del progreso parte de la evidencia de que «lo que me daña o me cura a mí le daña o le cura al otro», y de que «lo que le daña o le cura al otro me daña o me cura a mí». Pensando que los negros no son como los blancos ni los vascos o los catalanes como los demás españoles no se puede ir a ninguna parte que merezca la pena. Se podrá ser médico o psicólogo, activista de oenegé o catedrático de Derecho Constitucional en un sociedad anómala, en un lugar sombrío, en una comunidad enferma. La solidaridad que no se basa en esa premisa universal es una farsa. Aquí hay gente que hace como que se identifica con los refugiados pero aborrece y desprecia al paisano. Aquí hay gente que exige respeto para una ideología que consiste en la falta de respeto al otro. El animal de bellota suele ser muy susceptible e hipersensible con todo lo suyo aunque lo suyo sea el discurso del odio y del desprecio. Aquí hay quien se cree muy humano porque piensa que los otros no son tan humanos como él, o sea que entiende su inhumanidad como un bien moral, un alarde de delicadeza, un tesoro.

Yo creo que el Instituto August Pi i Sunyer debería ampliar el campo de sus pacientes y aplicar su método a todo aquel que nos maltrata desde un cargo público. Llegaría así el día en que leeríamos titulares tan sugerentes como «los neurólogos españoles logran rehabilitar a veinte políticos».

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