Lehendakari, ya es tarde

ANÁLISIS

El conflicto catalán no es reconducicle. No al menos hasta después del 1-O. Cuánto después dependerá del parte final de daños

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El lehendakari sigue abonado al discurso buenista ante el conflicto catalán. Posiblemente porque es hombre de pacto y cree en él. Pero, también, qué duda cabe, porque carece de margen para otra cosa. No creo que constituya ningún atrevimiento por mi parte sostener que el grueso de la militancia del PNV y muchos muchísimos cuadros jeltzales se sienten estos días sentimentalmente muy muy cerca de los independentistas catalanes en su desafío al Estado.

Urkullu defendió ayer en los micrófonos de Radio Euskadi que todavía hay tiempo hasta el 1-O para parar un choque de trenes, que se presenta cualquier cosa menos inocuo. Pero no es así. Desgraciadamente ya no hay marcha atrás. Y así lo volvieron a poner de manifiesto en sus declaraciones públicas tanto el president Carles Puigdemont como el presidente Mariano Rajoy, sus vicepresidentes y otros miembros de sus respectivos gabinetes.

La apertura de hostilidades se va a producir sí o sí mañana miércoles, o el jueves a más tardar, cuando el Parlament apruebe la ley del referéndum por vía de urgencia, pese a que el Constitucional hace ya semanas que le avisó de que ese procedimiento no era aceptable. De inmediato el Govern en pleno firmará el decreto de convocatoria del referendo ilegal del 1 de octubre. Y el Gabinete Rajoy y el Tribunal Constitucional iniciarán la respuesta necesariamente punitiva del Estado.

Den por seguro que para los secesionistas cualquier medida coercitiva que adopten el Gobierno e instituciones del Estado como el Constitucional en defensa de la legalidad, que las adoptarán, será lo más parecido posible a una provocación inaceptable. Firmeza que, no duden, encontrará un eco ampliamente favorable en el resto de España.

Pero lo determinante para encauzar el problema en un futuro más o menos próximo será cómo encaje la población catalana en su conjunto las decisiones que se sucedan por ambas partes en las próximas semanas. Y ello incluye desde inhabilitaciones hasta los encontronazos físicos que puedan registrarse si el Gobierno trata de impedir que se vulnere la legalidad, como empieza a sugerir que hará.

Un acuerdo sobre transferencias entre Rajoy y PNV resultaría de mutuo interés en pleno incendio catalán

Pero ni la política española ni la vasca se alimentan solo del conflicto catalán. En Madrid, Ciudadanos ya ha puesto en marcha el procedimiento parlamentario para que los presidentes de Gobierno no puedan permanecer más de ocho años en el cargo -lo que acabaría con la carrera de Rajoy si completa esta legislatura-, mientras el PSOE del estado plurinacional no termina de aclararse hacia dónde quiere ir. Y parece a punto de iniciarse el diálogo Madrid-Vitoria para el traspaso a Euskadi de las transferencias de Prisiones y de la gestión del régimen económico de la Seguridad Social sin ruptura de la caja única.

A ambas partes interesa el compromiso. Al Gabinete Rajoy para que el PNV le apoye los Presupuestos de 2018 y para contraponer a la imagen del encontronazo catalán la del pacto con los vascos. A los jeltzales porque la izquierda abertzale y el sindicato ELA van a seguir exigiéndole que se olvide de intentar consensuar primero aquí y luego en Madrid un nuevo Estatuto y le abra un segundo frente al Estado, tras el catalán.

Urkullu y su partido siguen en apariencia firmes en su apuesta pactista, aunque da también la impresion de albergar dudas sobre si será o no posible un acuerdo transversal en Euskadi. Tal vez por ello el lehendakari desveló ayer que el año que viene presentará su propia propuesta si no hay avances en el Parlamento.

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