Las lecciones del fuego

El hecho de que los incendios fueran provocados no puede servir de excusa para que los políticos se escuden tras ello y eludan su responsabilidad

JUAN LÓPEZ DE URALDE

Quizás lo nuevo de los graves incendios forestales que han azotado estos últimos días la franja noroeste de la península sea lo tardío de las fechas en que se han producido. La magnitud e intensidad de esos incendios no tiene precedentes en un mes de octubre, como tampoco lo tienen unas temperaturas diez grados por encima de la media correspondiente, ni los vientos procedentes de un huracán, ‘Ophelia’, cuya fuerza es insólita en el Atlántico oriental. Es verdad que la llegada del otoño viene, en muchos montes del Cantábrico, acompañada de fuegos intencionados para recuperar pastos. Pero nunca antes alcanzaron la virulencia esos fuegos otoñales que hemos visto en los incendios de los últimos días, en especial en Galicia. Eso nos lleva a poder afirmar que el cambio climático se ha convertido ya en un factor decisivo en la expansión de los fuegos y no debe nunca más ser ignorado en la planificación de la lucha contra este fenómeno.

Está demostrado que una de las consecuencias del calentamiento es el alargamiento progresivo del verano. Las tempranas e intensas olas de calor de comienzos de junio ya nos lanzaban una advertencia clara, y el final de este verano -que así pueden calificarse estos días- no ha podido ser más dramático.

Sin embargo, aunque insólito, lo ocurrido no era impredecible: la situación de sequedad ambiental, altas temperaturas y fuertes vientos generaban un escenario perfecto para la expansión incontrolada del fuego, como así ocurrió. Por ello la situación vivida en la noche del domingo en Galicia solo puede explicarse desde la falta de previsión de una Xunta que se vio finalmente desbordada por el fuego. En muchos casos los ciudadanos, desamparados por sus gobernantes, tuvieron que autoorganizarse para tratar de frenar el avance del fuego. También fue notable la ausencia de información en los medios públicos, algo inexplicable en un contexto de alto riesgo en el que los ciudadanos estaban muy necesitados de noticias creíbles.

No cabe duda de que los incendios han sido provocados. En eso sí puedo estar de acuerdo con Núñez Feijoo. Y en ese sentido yo sí creo que estamos ante un caso claro de terrorismo ambiental. No tanto porque estemos ante ninguna mafia organizada, que no parece el caso, como por el impacto que la acumulación de fuegos ha tenido sobre el medio ambiente y también en la opinión pública española. Y, no lo olvidemos nunca, por las víctimas mortales que se han producido. Sin embargo, el hecho indiscutible de que los fuegos fueran provocados no puede servir de excusa para que los responsables políticos se escuden tras ello, eludiendo su responsabilidad ante la falta de respuesta que los ciudadanos vivieron en las primeras horas.

Tampoco la política forestal que desde hace muchos años determina la cobertura forestal de Galicia ayuda a evitar el fuego. Años de plantaciones de especies pirófitas, como el eucalipto y el pino, han hecho de los montes gallegos un lugar en el que el fuego se expande con rapidez. Por otro lado, si se quiere abordar seriamente la prevención de los incendios forestales es necesario impulsar una política de apoyo al mundo rural, centrada en asentar la población haciendo más atractivo seguir habitándolo.

Lo triste es que la experiencia y las estadísticas demuestran que los autores de este tipo de acciones tan dañinas para el medio ambiente y las personas suelen escapar sin ningún castigo. Las investigaciones son complejas, y en la fase final, cuesta mucho si no hay testigos demostrar quiénes son los culpables. El terrorismo ambiental sigue saliendo demasiado barato en España y buenos ejemplos tenemos: Prestige, Aznalcollar o incendios forestales.

En este sentido, considero que podemos extraer algunas lecciones de los trágicos incendios de este fin de semana. La primera, como queda dicho, es que la planificación de la lucha contra los incendios forestales ya no puede ceñirse a los meses del verano. Ello requiere que se extienda la contratación de los bomberos forestales y la disponibilidad de los medios de lucha contra los incendios. La segunda es una obviedad, pero no está de más recordarlo visto lo ocurrido estos días: en caso de incendios forestales a gran escala es imprescindible la comunicación fluida sobre el estado de las carreteras y las vías de escape de los lugares en alto riesgo. Insistir en la prevención es ya casi un tópico, pero es necesario también recordarlo una vez más.

Por último, los atentados ecológicos no pueden quedar impunes. Estamos demasiado acostumbrados a que el medio ambiente ocupe espacio en los medios mientras dura una catástrofe, pero una vez que el interés va bajando, detrás se queda el interés y los medios para investigar, esclarecer y llevar ante la justicia a los culpables de este tipo de actos. Nunca más debieran quedar sin explicación catástrofes ecológicas como la que se ha producido este fin de semana.

Han sido unos días tan negros como el cielo que ha oscurecido muchos pueblos. Espero que seamos capaces de aprender la lección y que al menos sirvan para evitar que una situación tan dramática vuelva a repetirse. ¡Nunca mais!

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