Donde nos jugamos el futuro

Para acabar con el paro la solución no es obligar a los autónomos y los empresarios a contratar e impedirles despedir

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Por mucho que haya pretendido alejarse de la actualidad en su retiro veraniego -en donde espero que se relaje y sea feliz-, estoy seguro que ha conocido la noticia de que la Unión Europea ha dado por resuelta la crisis económica que tanto nos ha angustiado, diez años después de haberse iniciado. Un hito que los analistas sitúan en la crisis de la BNP, fechada en agosto e 2007. Bueno, pues, como era de esperar, la declaración europea ha desatado toda una serie de comentarios negativos de los que parecen alegrarse cuando todo va mal y enloquecen de contento cuando aparece algún dato negativo en el escenario económico.

Así que ¿Estamos bien y acierta la UE cuando dice lo que dice o nos están vendiendo mercancía averiada para contento de los gobernantes y desesperación de los ciudadanos engañados? La contestación requiere otra pregunta previa, ¿Comparado con qué o con quién? Porque si nos comparamos con la situación que teníamos hace diez años, es evidente que estamos muchísimo mejor. Hay mucho más crecimiento y empleo, más exportaciones y más ingresos por turismo. Y también hay muchos menos parados; menos debilidades en el sistema bancario y menores dificultades para obtener financiación, tanto si nos referimos a la deuda del país, como si hablamos de financiación privada.

Por el contrario, si comparamos la realidad con nuestros deseos, encontraremos fácilmente motivos de queja. Conocen la acusación: los salarios son bajos y el empleo es precario. ¿Lo son? Desde luego que sí, si nos referimos a los nuevos empleos, a los empleos creados en estos diez últimos años y desde luego que no, si hablamos de los empleos que ya existían entonces y no han sido pasto de la crisis. Pero, ¿No han perdido todos ellos poder adquisitivo? Pues aquí puede encontrar en las estadísticas el soporte necesario para sostener cualquier posición. Basta con que elija bien las fechas de comparación y el tipo de empresa para que el resultado se acomode a sus deseos. ¿Dónde se encuentra entonces la verdad? Como siempre, en ningún sitio. Porque estamos mucho mejor de lo que estuvimos entonces y mucho peor de lo que quisiéramos. Todo a la vez.

En realidad no hay que preocuparse demasiado con esta cuasi bizantina discusión que solo nos sirve a los medios de comunicación para llenar de contenido las páginas de los periódicos, los minutos de los informativos y las interminables discusiones de los tertulianos en estos meses de calma chicha. Lo que hay que hacer es ocuparse por seguir mejorando y el problema verdadero, que no encuentra remedio, es que la izquierda improductiva e indignada sigue pensando que para arreglar la situación basta con desearlo y utilizar el BOE. Creen que es suficiente con obligar a los autónomos y a los empresarios a contratar e impedirles despedir para acabar con el paro. Y basta con obligarles a pagar sueldos más elevados para mejorar la calidad del empleo. ¿Qué fácil no? ¿A que es una receta maravillosa? ¿Cómo no se nos había ocurrido antes?

No se ría. La última encuesta del CIS nos dice que hay más españoles que votarían hoy al dúo Sánchez-Iglesias que al tándem Rajoy-Ribera. Los dos primeros creen firmemente en que se puede dirigir la economía del país desde los despachos oficiales, a golpe de obligaciones impuestas a los demás. Los dos segundos saben que es necesario contar con la sociedad civil para levantar la economía del país, pero también es cierto que les encantaría practicar la primera opción. ¿Le parece entretenido todo esto? Pues nada, entreténgase, que enseguida volvemos al taller, a la oficina o al comercio. Y ahí es donde nos jugamos de verdad el futuro.

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