En «invernación»

Rufián no solo se ha inventado un palabro que no existe, sino que ha entrado en un sugerente territorio metafórico

En «invernación»
Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

Gabriel Rufián nos ha dado una de las pocas alegrías que nos depara la actualidad política al ponerse a hablar en las Cortes de «invernación» cuando de lo que quería hablar el buen hombre era de «hibernación» en referencia al fracasado almacenamiento de gas natural de la Plataforma Castor, aquel glorioso proyecto que causó en las costas de Castellón y Tarragona unos aterradores movimientos sísmicos que demostraron que en España también hay emprendedores y que, cuando nos lo proponemos, podemos llegar al mismo nivel científico que los cerebros de Fukushima y de Chernobil.

Con su docta perorata sobre la «invernación», Rufián no solo se ha inventado un palabro que no existe, cosa que le agradezco personalmente en nombre del gremio patrio de plumillas y tertulianos (tan necesitados siempre de una exótica renovación léxica), sino que ha entrado en un sugerente territorio metafórico cargado de posibilidades creativas. Y es que la diferencia entre invernar e hibernar viene a ser más o menos la misma que existe entre veranear y cocerse al baño María; entre ponerse morenito en Benidorm o chamuscarse en una hoguera de la Inquisición. Hibernar, lo que se dice hibernar, sólo lo han hecho Walt Disney y los astronautas de ‘El planeta de los simios’ entre los humanos. Hibernar es lo que hacen los reptiles, los osos, las marmotas, los marsupiales o ese mal gas que por poco nos vuela media costa mediterránea. Invernar, en cambio, es lo que hacían los zares en su palacio de invierno de San Petersburgo.

Invernar es lo que hacen las plantas en los invernaderos o lo que está haciendo, en la cárcel de Estremera, Oriol Junqueras, el propio jefe de Rufíán. Invernar es lo que hace el Puigdemont telemático y virtual en los platós de Bruselas y Dinamarca. Uno está hecho un drama y el otro un holograma. De ese precario estado de congelación mediática que recuerda al Jack Nicholson que acababa convertido en un cubito de hielo en ‘El resplandor’ viene la confusión, el lío que se ha montado Rufián en la cabeza, esa fusión nuclear de ambos conceptos (hibernar e invernar) para parir un nuevo vocablo que constata un inédito estatus físico y político a medio camino entre los dos. Junqueras y Puigdemont están medio invernados y medio hibernados, uno en un estado vegetativo que roza el éxtasis místico y otro en una disminución de la temperatura corporal que es la que le ha dejado esa sonrisa alelada de robot de la Desconexión. Como el propio Parlamento catalán. Como el Gobierno de Rajoy y el Congreso de Diputados. Como toda esta legislatura suspensa entre un 155 que es y no es, la crónica anunciada de una investidura-trampa y los presupuestos a manos del PNV. Como el propio Rufián al que le quieren quitar el sueldo por hacer novillos y que confunde la Cámara Baja con la cámara frigorífica. En realidad, España entera está hoy en «invernación».

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