El interrogatorio

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Si todos los alcaldes a los que han citado los fiscales acudieran al encuentro habría un barullo colosal. Son 712 los ediles catalanes partidarios del referéndum ilegal los que deben comparecer ante los fiscales, que no van a tener tiempo para escucharlos a todos si hablan a la vez. La Carta Magna les ha llegado pero dicen que la suya la extravió el cartero. Desamor por correspondencia. Han descubierto que el independentismo es exportable y se vende muy bien, porque en todos los sitios hay descontentos, incluidos los que no se van a contentar nunca. La mayoría de los regidores son del PDeCat, de ERC y de la CUP. Vivimos en el siglo de las siglas, que decía Dámaso Alonso, aquel pacífico hijo de la ira al que íbamos a ver los que entonces éramos jóvenes para que nos hablara de Góngora y de otros clásicos que estaban en conserva. ¿Qué puede pasar si a los desobedientes se les considera delincuentes? De momento, Juncker nos ha recordado que en Europa el Estado de Derecho no es una opción si no una obligación. Mientras, el Rey dice que la Constitución prevalecerá y le ganará la partida a los que desean romper la convivencia. Mucha duda cabe y se cuela por todas partes, incluso por las puertas más estrechas.

Fiel a mi propósito de no añadir ni una gota de tristeza al chaparrón que está cayendo, me refugio en Messi y en Cristiano Ronaldo, un argentino y un portugués, que creen que el mundo no es un pañuelo, sino un balón. El Tribunal Constitucional acordó hace un par de días actuar contra los responsables de la llamada junta electoral catalana. Ponerle puertas al viento de la historia puede despeinar hasta a Puigdemont, aunque su flequillo sea adherente. Mejor es seguir con los interrogatorios, pero no hacerlos a la vez.

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