Los intérpretes

Los intérpretes
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Los partidos políticos andan buscando qué quiso decir el Rey en su mensaje de Navidad. Fue exactamente lo que dijo y no hay equívocos posibles, pero a malos entendedores no les complacen las buenas palabras, sobre todo cuando invitan a la esperanza. Felipe VI se ha mostrado conciliador en todo menos en el desguace de España. O nos hundimos todos juntos o nos salvamos todos con el agua hasta la nuez. Los independentistas tienen pocas ideas, pero fijas. La más preponderante es irse de España y hacer rancho aparte, aunque haya poco que comer porque la estabilidad presupuestaria está en la cuerda floja. Cristóbal Montoro, cuyas dotes de seducción son notablemente inferiores a su buena voluntad, ha pedido recortes de última hora, pero quedan cuatro días y escasean los recortables, y Bruselas nos vigila.

Más de la mitad de las comunidades no han sido capaces de embridar su gasto, pero no hay que echarle la culpa al caballo de batalla, que es el dinero, sino a los malos jinetes. Su majestad el Rey, que está mejor informado que todos los periodistas, se ha referido a la totalidad, pero muy especialmente a Cataluña. Lo más arduo, cuando el año se extingue, será recuperar la concordia. ¿Cómo se recupera algo que nunca se ha tenido? Los que insistimos en cantar lo cotidiano estamos roncos y además tenemos una voz muy desagradable que nos suena mal a nosotros mismos. El Rey ha dejado entreabierta la puerta que estaba cerrada para que no entraran los que quieren salirse o para que no salieran los que desean entrar. Dura misión la suya porque el tiempo no se está quieto y tampoco sabe qué ponerse. Es la época de los intérpretes, pero hace frío para todos. Sólo sin excluir más que a los que quieren excluirse, llegará el entendimiento. Ojalá no se le haga tarde y no haya que dejarlo para el año que viene.

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