El interés común

Los partidos deben resolver sus diferencias para garantizar que Euskadi cuente con un Presupuesto el próximo año

Alfonso Alonso saluda al lehendakari, Iñigo Urkullu, en el Parlamento vasco./
Alfonso Alonso saluda al lehendakari, Iñigo Urkullu, en el Parlamento vasco.
EDITORIAL

La aprobación de los Presupuestos para el próximo año coloca al Gobierno vasco ante el espejo de su realidad. Goza de un amplio apoyo en el Parlamento (37 escaños de 75) que le permite actuar con cierta holgura en el día a día. Pero, aunque a veces se comporte con una suficiencia que enmascara su verdadera situación, carece de una mayoría absoluta que le asegure sacar adelante sus proyectos por sí solo, sin fiar su suerte a que EH Bildu, Podemos y el PP no coincidan en votar contra ellos. Sin el aval de una de esas formaciones, las Cuentas de 2018 están condenadas al fracaso. La primera ya le ha dado un portazo. Complacer a la segunda es imposible con unos Presupuestos tan continuistas y sin apenas margen de maniobra. El Ejecutivo de Urkullu queda así en manos del PP, el mismo socio de hace un año, cuando el PNV y Rajoy vivían una luna de miel que ya ha saltado por los aires. El acuerdo resulta ahora más difícil. Sin duda. Pero sería de todo punto irresponsable dejar a Euskadi sin Presupuestos cuando tan necesaria es la estabilidad para afianzar la recuperación de la economía. Con disposición al diálogo y cintura política, existe margen para alcanzar un pacto que priorice los intereses del País Vasco. El lehendakari se ha comprometido a implicarse personalmente en las negociaciones. El precio fijado por el PP pondrá a prueba la pacífica convivencia entre PNV y PSE en el Gobierno vasco y las diputaciones: rectificar la reforma fiscal recién pactada por ambos partidos, que elevará la presión tributaria a las empresas al eliminar deducciones. Reducir el tipo del Impuesto de Sociedades -el 28%, frente al 25% del resto de España- es una aspiración de los populares bien vista por sectores del PNV. Euskadi ganaría así competitividad y sería más atractiva en la captación de compañías, a su juicio. Pero mantener el 28% actual es una ‘línea roja’ para el PSE, que ha hecho bandera de que gracias a él no bajarán los impuestos a las empresas. Alguien, o todos, tendrá que ceder. El PNV está dispuesto a retocar la reforma fiscal, que no podrá aprobar en Álava sin el PP. Pero necesita la complicidad del PSE. Y los populares, ser flexibles en sus exigencias para no romper puentes con un PNV al que Rajoy necesitará tras el 21-D para sus Presupuestos de 2018. Es lógico que el PNV pida responsabilidad a los partidos y les emplace a votar el proyecto de Urkullu en función de su contenido, sin dejarse llevar por cuestiones políticas ajenas. Tan lógico como contradictorio con haberse negado hasta ahora a hablar de las Cuentas del Estado por la aplicación del 155 en Cataluña.

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