De intenciones y decisiones

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La reforma fiscal nos ha tenido entretenidos durante meses de reuniones, declaraciones y globos sonda. Al final, el resultado ha sido decepcionante, tanto por su escasa entidad como por el sentido de los cambios, dirigidos en su mayor parte a empeorar la fiscalidad de las empresas. Algún día deberíamos aclarar las ideas. Siempre que hablan de ello, nuestros dirigentes nos trasladan una gran preocupación por la generaciónde riqueza y una auténtica obsesión por la creación de empleos. Está muy bien, pues esas preocupaciones lideran las manifestadas por la ciudadanía, encuesta tras encuesta.

Lo malo es que, luego, compatibilizan esas intenciones tan sanas con unas decisiones encaminadas en sentido contrario. No acabamos de entender que la riqueza no es un stock inmutable que se puede repartir a voluntad de los dirigentes. Creemos que se puede quitar a unos, normalmente a los más emprendedores, para darles a otros, no siempre a los más necesitados, sin que el total se resienta lo más mínimo. Para que fuese cierto, sería necesario encerrar a los ciudadanos en una jaula (no crea, algo de eso hay en el terreno fiscal, cuando se limitan y dificultan los movimientos de sedes) y aislar a su economía en un espacio geográfico reducido. Y tal cosa no sucede nunca, fuera de Cuba.

Ahora tenían una ocasión de oro para haber aligerado la presión fiscal, una vez que la recaudación se comporta de manera ejemplar. Pues no. Han vencido la tentación y han decidido apretar un poco más a los ya apretados con la sana intención de...? Ni idea. Salvo que sea con la intención de afilar su perfil de izquierda. ¿En qué quedamos? El tipo de Sociedades es tres puntos mayor que el vigente en territorio común y el del IRPF -unido al impuesto de Patrimonio- puede alcanzar el 65%, cuando Francia estudia eliminarlo pues es el único país de la UE que lo mantiene junto con el nuestro. Madrid no lo recauda y La Rioja lo ha quitado de los presupuestos de 2018. Ser vasco se está poniendo muy caro. Ya sé que es muy bueno, pero también es muy caro. ¿Será ésta una de las razones por las que hemos ‘pescado’ tan poco en el caladero de la desbandada empresarial catalana? Una seguro, pero no la única.

La patronal ha respondido de manera cruda y ha cuantificado la pérdida de empleo e inversión que esta decisión acarrea. Desconozco la base del cálculo, pero por ahí van las cosas. En cualquier caso, si no fuera así, ¿por qué no se publican las cifras, agregadas claro, de las personas que se marchan del ‘paraíso fiscal’ vasco camino de cualquier infierno cercano, de las rentas perdidas y de los patrimonios huidos? Solo por curiosidad.

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