La intención de voto

La intención de voto
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

No todo va mal cuando se teme que pueda ir a peor. Quizá el pesimismo sea una deformación óptica que nos haga ver las cosas tal y como son, pero lo cierto es que Bruselas ha mejorado la previsión para España, elevándola una décima. Menos es algo más que nada, pero sigue siendo insuficiente, sobre todo para los que no se conforman con todo. El PNV quiere tener el derecho a decidir en el nuevo Estatuto y lucha por lo que legítimamente le corresponde, sin traspasar el marco legal, aunque el cuadro esté desvencijado. Ayer lo plantearon en la ponencia de autogobierno del Parlamento vasco, a diferencia de lo que proponen los nacionalistas catalanes y su líder fugado y bien alojado, Puigdemont y de todos los demonios nacionalistas o provincialistas.

Quienes descreen en los políticos aceptan la política, pero le encargan al Estado la tarea de negociar y asumir la obligación de negociar los ajustes constitucionales y legales. ¿Cómo se hace eso? Son como aquel legendario entrenador que le recomendaba a sus futbolistas que dispararan contra la portería rival fuerte y pegado al poste. Mientras, Rajoy plantea endurecer la prisión permanente revisable en el Código Penal. Un experimento muy arriesgado, porque tenemos necesidades aún más apremiantes. No conviene legislar ungidos por la venganza. A la justicia le está vedado emocionarse. ¿Cuál será la intención de voto si tuviéramos que votar pasado mañana? Las elecciones generales quizá sean evitables, pero algunos políticos no desean evitarlas. Les conviene que el río revuelto cuaje para seguir patinando. Bertold Brecht dijo que muchos jueces son tan incorruptibles que nadie puede inducirles a hacer justicia, pero lo que está claro es que los partidos mayoritarios sufrirán un descenso en sus propios abismos. Si no se rompen la crisma es porque ya está fracturada.

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