La injerencia de lo político en lo económico

Todas la previsiones sobre cómo puede afectar el tema catalán son malas, aunque dependerá de los distintos escenarios

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La economía española circula por la senda correcta desde hace ya varios años. Con crecimientos superiores al 3%, con reducciones en las cifras del paro y aumentos en las del empleo por encima del medio millón de personas, con ganancias sensibles en la cuota del mercado internacional y con una prima de riesgo moderada que se sitúa algo por encima de los 100 puntos básicos. Añada una inflación moderada, unos tipos de interés bajos y un tipo de cambio con el dólar exigente, pero bastante por debajo del 1,40 que tocamos.

No sé cual es la mejor manera de definir una situación económica confortable, pero no debe ser muy diferente de la anteriormente descrita. Y en nuestro entorno próximo, no se olvide, además, de incluir a los acuerdos del Cupo y el Concierto que llevaban años estancados y que aportan sosiego a la situación institucional y a nuestras relaciones con el Gobierno central.

¿Va ser duradera esta tesitura, además de buena? Sin duda hay cosas que van a perdurar. Los tipos de interés no pueden estancarse definitivamente en niveles tan bajos como los actuales, pero el Banco Central Europeo está empeñado en demorar los inevitables movimientos de subida y de normalización monetaria. Si no la destrozamos con peticiones exageradas, nuestra competitividad va a proporcionarnos más alegrías en los mercados de la exportación. La globalización y la deflación tecnológica van a mantener los precios en valores moderados y el dólar... hará lo que le dé la gana. El mayor peligro en este terreno procede de la prima de riesgo y es debido a la extraordinaria sensibilidad de los mercados financieros frente a las indefiniciones persistentes. Pero esto es algo que está en nuestras manos solucionar. ¿Seremos capaces de hacerlo? No hay nada que nos permita ser optimistas al respecto.

De momento hablamos del frente exterior, pero ¿qué haremos aquí dentro? Pues nadie lo sabe. El Banco de España ha efectuado una serie de cálculos sobre cómo puede afectar el tema catalán a la marcha de la economía. Los escenarios son distintos en función de la gravedad de los hechos y, sobre todo, de su duración en el tiempo. Pero todas las previsiones son malas. Los daños infligidos a la seguridad jurídica y los destrozos causados a la estabilidad políticas son ya demasiado fuertes como para resultar inocuos. Si desaparecen el próximo día 21 de diciembre serán recuperables, pero eso implica que el resultado de la votación oscurece el escenario independentista. Cualquiera diría que el baño de realidad sufrido con la sangría empresarial y el desdén internacional serán suficientes para enderezar los espíritus, pero no estaría yo tan seguro de que el delirio se haya tornado en sensatez en la medida necesaria.

Si por el contrario los resultados mantienen o empeoran la relación de fuerzas entre las posiciones enfrentadas, las cosas se torcerán y lo harán para todos. Reformar la Constitución y reescribir la estructura del Estado son cuestiones complejísimas que llevarán mucho tiempo. Eso suponiendo que sean suficientes para conformar una solución. ¿Quiénes de los actuales líderes independentistas contemplan que la solución pase por algún lado que no sea la independencia? ¿Y entonces cuál será el escenario? No quiero ni pensarlo y confío en que no tengamos que vivirlo.

Entretanto, en el País Vasco tenemos otra injerencia de lo político que enturbia el normal desarrollo de lo económico. ¿A santo de qué viene endurecer la presión fiscal de las empresas justo cuando la recaudación marcha bien y necesitamos atraer y fomentar inversiones?. He visto un ‘tuit’ de una diputada foral que dice que «no es momento de bajar los impuestos», lo cual me ha dejado mucho más tranquilo. Pero, para que la felicidad fuese completa me encantaría conocer las razones que convierten a este en un mal momento para bajar los impuestos, y ya puestos, cuáles son los momentos idóneos para bajar los impuestos. Sólo por cultura general...

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