LA INDUSTRIA DEL TURISMO: ¿MORIR DE ÉXITO?

Mientras somos la envidia de nuestros competidores, aquí algunos han desenterrado el hacha de guerra que amenaza con malherir a la gallina de los huevos de oro

Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

El hecho de que algunas camadas de formaciones de la izquierda radical hayan hecho bandera del ataque a uno de los pilares básicos de la recuperación económica española, merece algún comentario no exento de cierta complejidad. Comencemos por señalar las evidencias. Las negativas y también las positivas.

Primero las evidencias negativas. Que el turismo masificado es molesto, y en ocasiones insoportable, nadie lo pone en duda. Las oleadas de visitantes que han recalado en España a raíz, sobre todo, del desplome del negocio en algunos países árabes del entorno, Marruecos, Túnez o Egipto, persiguen destinos asimétricos y concentran su presencia en unos enclaves específicos, generando notables problemas de convivencia ciudadana y ecológica, desnaturalizando asimismo las reglas de competencia del mercado, su viabilidad y su estructura de precios. Viajar ha pasado de ser un lujo a ser una costumbre. No en todos los lugares, pero si en algunos determinados de la geografía española, la afluencia intensiva de visitantes -y en casos, su inaceptable comportamiento- requiere una revisión de la planificación de este pujante subsector de los servicios. Las Universidades imponen un ‘numerus clausus’ y con ellas todo tipo de Instituciones del campo de la salud, del ocio y de muchas otras esferas económicas. No parece asumible, sin más, el permanecer impasible ante crecimientos anuales tan exorbitados de viajeros como los que confluyen cada año sobre el suelo ibérico. Por otra parte el debate que se sugiere no es algo nuevo en el mundo ni algo especifico de nuestro país. Desde Venecia a San Francisco, pasando por Tokio, Londres, París o Barcelona, se ha iniciado la discusión sobre nuevos modelos de turismo tras analizar su innegable impacto social.

Junto a las anteriores, las evidencias positivas. La primera, recordar que según el Foro Económico Mundial, España revalidó en 2016, por segundo año consecutivo, el título de oferta turística más competitiva del mundo. La segunda, su calidad de primera rúbrica de aportación al PIB -un 12% aproximadamente en 2016- por delante del sector automovilístico -10%- y también su decisiva contribución al superávit de la balanza de pagos por cuenta corriente -12.700 millones en los cinco primeros meses de 2017- y creciendo. Los más de 75 millones de ciudadanos extranjeros que entraron en España el pasado año se gastaron 77.625 millones de euros, equivalentes a la cuarta parte de nuestras exportaciones manufactureras. Pero sobre todo la evidencia de que sin turismo no se hubiese producido la recuperación vigorosa que atravesamos, dado que el sector genera uno de cada cuatro empleos desde el inicio de la recuperación en 2013. Dos de cada cinco empleos creados en Cataluña, Baleares y Valencia. En total 2,53 millones de trabajadores ocupados en el sector, representando el 13% del total, un 20% del total en el caso de Cataluña. Agregar, para conocimiento de los eurófobos beligerantes, que los más favorecidos con la ola turística han sido los jóvenes: desde el inicio de la recuperación en 2013 los trabajadores de entre 16 y 29 años trabajando en el sector han crecido en casi 90.000 ocupados. Además el número de ocupados de entre 30 y 44 años ha aumentado en más de 111.000 personas, de las cuales 93.000 corresponden al sector turístico. Esto es, algo más de un 90% del empleo creado en esta franja de edad.

De modo que mientras somos la envidia de nuestros competidores más directos, aquí algunos han desenterrado el hacha de guerra que amenaza con malherir a la gallina de los huevos de oro. No solo son condenables todo tipo de actos y actitudes violentas sino que las razones esgrimidas por los antisistema quedan en evidencia, a la vista de las cifras anteriormente citadas. Arran (CUP) proclama que el actual modelo turístico, «responde a un modelo capitalista que está concentrando los beneficios en muy pocas manos y provocando la destrucción de nuestro territorio». Y bajo el lema «vuestro turismo, miseria para la juventud», Ernai (Sortu), ha iniciado, asimismo, una campaña contra el turismo en San Sebastián. Ni el turismo es miseria para la juventud -así cantan las cifras mencionadas- ni enunciados confusos y manidos justifican una reformulación -asumida por todos- del modelo turístico.

La Organización Mundial del Turismo, una agencia de Naciones Unidas con sede en España, propugna un turismo más sostenible y respetuoso con el medio ambiente y que reduzca el impacto negativo de las ofertas masificadas. A esa directriz hay que agregarle imaginación, trabajo y cuidados. Mientras tanto, resulta inexcusable que las Autoridades turísticas protejan de violentos a la principal industria del país, la primera fuente de creación de empleo juvenil.

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