Independencia ¿Sola o con leche?

El soberanismo no aclara cómo concretará la secesión. Puigdemont sigue en la ficción. El conflicto avanza hacia un final traumático

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Ni el viernes 6, aniversario de la proclamación del Estat Catalá por el president Companys en 1934. Ni el sábado 7, para convertirlo en una fiesta ‘familiar’. El Pleno del Parlament se reunirá el lunes 9 (9-O) para, en presunta ‘aplicación’ del resultado de la ficción de referéndum celebrado el 1-O, declarar la independencia de Cataluña.

¿La secesión se aprobará en votación? ¿La anunciará el president Carles Puigdemont en su discurso? ¿Será una declaración que leerá Carme Forcadel, presidenta del Parlament? Independencia con o sin leche. Sí saben, no contestan.

Hay indicios que apuntan que el independentismo sigue dividido. Puigdemont, Turull, el grueso de ERC y la CUP, la única que lo reconoce, quieren una votación específica. La mayoría del PDeCAT y una minoría de Esquerra tendrían dudas o preferirían una declaración más ‘light’. ¿Objetivo? Que el período ‘participativo’ de seis meses previsto en la Ley de Transitoriedad, suspendida por el Constitucional, sirva para hallar alguna salida al túnel.

Desde el campo ‘indepe’ se niega la mayor. Rechazan las fisuras. Símplemente, dicen, los partidos sopesan cada palabra de la declaración para que se apruebe con más de sus 72 votos (fuentes del PSOE creen que tendrá al menos 75 ‘síes’, 3 de diputados ‘comunes’ de Ada Colau). Justifican que no haya mayor claridad para no ponérselo fácil al Estado y que proceda antes del 9-O contra los líderes del secesionismo.

Anoche compareció por televisión el president para dar la réplica al Rey. Misma hora, mismo formato que Felipe VI. ‘El jefe del Gobierno rebelde’, como le presentó ayer el diario alemán Bild en una entrevista, confirmó la declaración de ruptura del lunes. «Vamos a hacer lo que otros pueblos ya han hecho», enfatizó.

¿Y cual fue su réplica al duro mensaje real contra los secesionistas? Un efectista «así no» dirigido al monarca. «Usted decepcionó anoche a mucha gente que le aprecia y que esperaba que apelara al diálogo y la concordia», dijo.

Ignorando que el ‘procés’ se ha construído sobre el desprecio a la ley. Recurriendo a la ficción de un pueblo catalán unido pese a la obvia fractura social, Puigdemont insistió en pedir diálogo y mediación.

Lo lamento, pero aún contra mi deseo me apunto al pesimismo. Visto y vividos sobre el terreno los acontecimientos de estos días tengo la convicción de que Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Turull o Romeva no han pisoteado con plena consciencia cuanta legalidad entorpecía sus planes para bajarse del tren a punto de alcanzar la estación término.

No sólo. El ‘procés son partidos, sí. Pero, sobre todo, dos organizaciones sociales, ANC y Omnium, que hace tiempo les desbordaron y que en este momento controlan a golpe de silbato la calle porque tienen movilizados a decenas de miles de catalanes.

El conflicto camina ya hacia un final traumático. Se aplique o no el artículo 155 de la Constitución, los dirigentes secesionistas serán puestos a disposición de la Justicia y es posible que un comisionado del Estado y un nuevo Govern sustituyan a quienes han perdido su legitimidad al pisotear el Estatut y la Constitución.

Cuanto se deba negociar y pactar, que es mucho, quedará para después. Porque unas destituciones no terminarán con el problema y mucho me temo que unas elecciones autonómicas anticipadas, tampoco, si los partidos de ámbito estatal no logran movilizar a esa mayoría de catalanes no independentistas que sigue en su casa.

En Europa, el Parlamento común, debatió ayer sobre el conflicto catalán. Aquí, pese a que el incendio sigue causando estragos -los dos grandes bancos catalanes han perdido en bolsa 3.000 millones en tres días-, Rajoy no tiene previsto comparecer ante el Congreso hasta el martes 10. Increíble.A

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