la incómoda comodidad de rajoy y el pnv

El Gobierno popular sigue a salvo gracias a C’s y al PNV, pero el cerco del resto de la oposición empiezaa hacer mella. Los jeltzales, por su parte, se dedican a hacer la goma para no debilitarse por el flanco abertzale

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La bancada popular y los integrantes del Gobierno Rajoy se pusieron en pie el pasado martes en el Congreso para tributar una breve ovación al contestado -incluso en las propias filas conservadoras- ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. La ocasión ciertamente lo merecía. El Parlamento acababa de aprobar el techo de gasto para 2018 propuesto por el Ejecutivo, de nuevo gracias al voto del PNV, Ciudadanos y de los regionalistas canarios.

Una alegría en medio de los sinsabores que acompañan al Gabinete Rajoy en esta su segunda legislatura, primera en minoría. Y una alegría por algo relevante además: el Ejecutivo conseguía otra vez preservar la estabilidad parlamentaria.

El Gobierno del PP sigue adelante gracias a sus pactos presupuestarios con el PNV, y también con las formaciones de Albert Rivera y los canarios. Hasta puede empezar a soñar con completar la legislatura. Pero a cambio de abonar importantes facturas a estos partidos, en especial a los jeltzales. De tener que tragar casi a diario los sapos que decide la oposición. Y de no poder legislar apenas por falta de votos.

El parte de daños para el Ejecutivo es ciertamente notable en poco tiempo y empieza a hacer mella en las filas conservadoras. Por citar solo lo más relevante, un ministro, el de Industria, José Manuel Soria, tuvo que dimitir por no decir la verdad. Dos más han sido reprobados por el Congreso. El de Hacienda, Cristóbal Montoro, después de que el Constitucional juzgara inmoral y éticamente reprobable su amnistía fiscal. El de Justicia, Rafael Catalá, por su intento de meter en vereda a los fiscales anticorrupción con ayuda del fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y del ya extitular de anticorrupción, Manuel Moix, también reprobados. Un Moix que terminaría por dimitir al descubrirse que también era cotitular de una cuenta en un paraíso fiscal.

Los arañazos llegan igualmente desde los palacios de Justicia a medida que se destapan nuevos datos de los escándalos de corrupción protagonizados por el PP, en especial en Madrid y Murcia. Y todavía falta el gran sapo: la comparecencia el próximo día 26 de Rajoy en el juzgado que analiza las andanzas de la trama Gürtel en sus primeros años. El líder popular acude como testigo, pero al ser la primera vez en décadas en que un presidente del gobierno se ve en una así, es seguro que la imagen será portada de periódicos y medios digitales, y apertura de los informativos de television en España y en otros muchos países.

Incómodo por tantos frentes a los que atender desde su minoría de 137 escaños de los 350 que conforman el Congreso. Dolorido por los golpes de la oposición. Y obligado a emprender desde ya otra dura negociación con el PNV para poder aprobar las Cuentas del Estado para 2018. Pero nada parece que pueda poner en riesgo la estabilidad del Ejecutivo a corto plazo.

El PSOE de Pedro Sánchez y Podemos tienen un largo camino que recorrer hasta plantearse ir juntos contra Rajoy. Camino cuyo primer hito podría ser el pacto que acaban de alcanzar para cogobernar Castilla-La Mancha, y que ha tenido que tragar el más ‘susanista’ de los ‘susanistas’, el más ‘antipodemita’ de los ‘antipodemitas’, Emiliano García Page.

Tampoco hay elementos que induzcan a pensar que el entendimiento de los conservadores con el PNV está en peligro. No mientras Rajoy satisfaga las demandas jeltzales a cambio de sus votos.

La prueba de ello es que tras algunas fricciones, el Gobierno conservador ha movido ficha. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría viajará el martes a Vitoria para engrasar lo que haya que engrasar. Y tras cerrarse los últimos flecos, veinticuatro horas después se firmará en Madrid la nueva Ley Quinquenal del Cupo.

Al partido de Andoni Ortuzar y del lehendakari Iñigo Urkullu parece estar resultándole rentable los pactos con los populares, a tenor de lo que dicen las encuestas. Aun así los jeltzales no dudan en hacer la goma, en distanciarse día sí, día no de los conservadores, para no sufrir por el flanco más abertzale en beneficio de EH Bildu.

En esta línea hay que entender la ausencia del Gobierno vasco de la reunión de la comisión de seguimiento del pacto de presidentes, que tendrá lugar mañana. Y no sé si también la desafortunada actuación peneuvista en el Congreso de los Diputados y en el Senado al negarse a suscribir la declaración conjunta con motivo del vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco y quedarse alineados con EH Bildu. ¿Razón? Que el escrito les había llegado tarde y que no contenía referencias de futuro sino únicamente de pasado.

Ojalá que solo haya sido un desliz más estratégico que de fondo. Ojalá desde Sabin Etxea y desde Ajuria Enea no se pretenda edulcorar ni torcer el relato de la tragedia vivida en Euskadi por culpa de ETA para que sea tragable por la izquierda abertzale. La verdad no admite cesiones ni equidistancias.

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