la importancia de mirar atrás

OLATZ BARRIUSO

El homenaje de Barakaldo a Miguel Ángel Blanco pasó casi desapercibido ayer. Apenas un puñado de representantes políticos y mandos policiales. Flores blancas sobre la escultura que recuerda a las víctimas en la Plaza de la Convivencia del municipio. Unos minutos de silencio y recogimiento. Representantes de todos los partidos, incluido EH Bildu, que envió a uno de sus concejales, militante de EA. Ningún aspaviento, cero grandilocuencia. Nadie cuestionó el «relato» de lo sucedido, nadie consideró oportuno discutir si es pertinente homenajear veinte años después al joven concejal de Ermua cuyo asesinato a cámara lenta removió las conciencias de una sociedad adormecida y comenzó a escribir el principio del fin de ETA y a desenmascarar su extrema violencia y crueldad. Sus métodos propios de la mafia que ya se atrevió a denunciar la Mesa de Ajuria Enea cuando habló de «vendetta», los mismos que desveló la histórica juez Le Vert cuando contó la semana pasada cómo los etarras remataban a sus víctimas por puro odio o apuntaban a bebés a la cabeza para atracar depósitos de armas.

La venda se cayó de los ojos de los vascos en aquellos inolvidables días de julio, que borraron con sangre y lágrimas cualquier atisbo de romanticismo patriótico que le pudiera quedar a ETA. El propio ministro del Interior entonces, Jaime Mayor Oreja -que sostiene que se ha pagado precio político a la banda por su final- reconoce, no obstante, que la cruel ejecución de Miguel Ángel Blanco fue un error histórico de estrategia que precipitó el declive de ETA como organización. Sorprende, por todo lo expuesto, que, veinte años después, no siempre el recuerdo fluya con naturalidad, como en Barakaldo. Que Manuela Carmena o el alcalde de Cádiz, ‘Kichi’, rechacen colocar pancartas, nombrar calles, en definitiva personificar en el edil popular el homenaje a todas las víctimas por el indiscutible consenso que existe sobre el alcance simbólico de su asesinato como catalizador moral del rechazo al terrorismo. O que, mientras su alcalde en Rentería tiene el coraje de mirar a los ojos de las víctimas de ETA para pedirles perdón, EH Bildu bloquee dos declaraciones institucionales en memoria de Blanco por no compartir el «relato» de su asesinato.

La política oficial de memoria en Euskadi sigue chocando con la terca negativa de parte de la izquierda abertzale a hacer autocrítica y repudiar el sinsentido del terrorismo sin circunloquios. Al Gobierno vasco le preocupa. Sabe que obedece a las tensiones internas, a la dificultad de enfrentar la derrota. Y la izquierda abertzale es también consciente, en su fuero interno, de que es cuestión de tiempo que el ejemplo de Renteria vaya calando, como lluvia fina, en otros municipios, incluso hasta en las cárceles. Pero se puede permitir seguir demorándolo hasta lo insoportable porque buena parte de los vascos -hasta un 44%, según el reciente estudio del Memorial de Víctimas en colaboración con el Euskobarómetro- dan por amortizada a ETA y apuestan por pasar página sin mirar atrás. De ahí la vital importancia de no dejar de hacerlo.

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