En el ojo del huracán

Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Los partidos se deben a sus votantes y a posibles futuros votantes. También el PNV. Sus posiciones y movimientos buscan el mayor rendimiento electoral posible. Dentro del límite de sus fuerzas. La sociedad vasca desconectó desde el principio del ‘procés’ catalán y el PNV se sintió cómodo con esa desconexión ciudadana porque era un eje de competición política que no le favorecía activar. Su coalición de gobierno podía saltar por los aires y verse en la necesidad de buscar apoyos donde no le convenía. Llámese EH Bildu o Elkarrekin Podemos. En la relación del PNV con sus votantes en la última década ha tenido más peso la dimensión económica y social, el eje ideológico, que la dimensión territorial. Ser percibido como mejor gestor económico que sus rivales ha influido más en sus buenos resultados electorales que su posicionamiento en el eje centro periferia. De hecho, este fue el principal factor explicativo de la vuelta al poder autonómico del PNV tras la legislatura encabezada por el socialista Patxi López.

Por eso creo que el principal partido de la oposición, EHBildu, yerra en situar como primer punto de la agenda política vasca el ‘procés’ cuando le podía convenir más suministrar al espacio público alternativas a la crisis del sector industrial vasco y a las malas condiciones laborales que preocupan más a esos votantes del PNV necesarios para ser alternativa real en Euskadi algún día. Los votantes del PNV con preferencias más intensas por la independencia y que apoyan el proceso de desconexión unilateral de Cataluña a través de un referéndum sin pactar con el Estado no son mayoría. Y ese grupo de votantes tiene una característica principal que le diferencia del resto. Son los más mayores. Precisamente el grupo de edad que tiene menor propensión a cambiar de partido aunque no esté de acuerdo con los posicionamientos o las políticas que desarrolla el partido al que lleva votando toda su vida. Los votantes más jóvenes del PNV son los que manifiestan más rechazo o indiferencia ante lo que está ocurriendo en Cataluña y son los más críticos con el discurso autocomplaciente sobre la situación económica de Euskadi.

El PNV no se está jugando su electorado dentro del bloque nacionalista con la posición que adopte durante estos días de incertidumbre que se abren en Cataluña. Dejar de apoyar al Gobierno de Mariano Rajoy podría ser lo más coherente para un partido que aspira en el futuro a celebrar un referéndum en Euskadi para que los vascos puedan decidir sobre su futuro. Pero la coherencia la construyen los votantes en función del tema de la agenda sobre el que tienen más interés. Y a la mayoría de los votantes del PNV, guste más o menos, no le ha parecido mal que el Gobierno del PNV haya apoyado al Gobierno de Rajoy a cambio de dinero contante y sonante para la Comunidad Autónoma Vasca. Y parece poco probable que desconocieran que con el Partido Popular en el Gobierno no solo sería imposible alcanzar su objetivo final, sino que utilizarían todos los recursos del Estado para impedir que se celebrara el referéndum del 1-O impulsado por el Ejecutivo catalán.

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