el día horribilis

Rajoy declara hoy por el 'caso Gürtel' y Cataluña acelera su 'procés'. Dos 'regalitos' para la imagen internacional del país

Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Y llegó el día. La jornada que la clase política tenía señalada en rojo desde hace semanas. El día que los medios de comunicación españoles e internacionales han aguardado conscientes de que se va a vivir un hecho político único en España y muy muy poco usual en nuestro entorno.

Hoy es el día en que el presidente del Gobierno y líder del PP, Mariano Rajoy, afronta la cita más resbaladiza y arriesgada de su carrera: su comparecencia como testigo antre el tribunal que enjuicia las primeras andanzas de la ‘trama Gürtel’. Que es lo mismo que decir que examina cómo se financiaron irregularmente los conservadores durante años.

Pero hoy hay más. No porque los astros se hayan conjurado para ello, sino porque los políticos así lo han querido. Hoy es también el día en que los soberanistas catalanes, esos que hace tiempo perdieron el rumbo autoatrapados en un callejón sin salida, aprobarán con toda certeza la reforma del reglamento de su Parlament.

Dicho así, seguro que se han quedado un tanto fríos. Seguro que me entienden mejor si les explico que Puigdemont, Junqueras, Lluis Llach y las CUP van a hacer algo tan importante como impresentable: cambiar la norma para poder aprobar la Ley del Referéndum y la de Desconexión en lectura única, en veinticuatro horas, que limita al mínimo el derecho de la oposición a hablar y a enmendar. Todo un ejemplo de la calidad democrática de quienes ponen a caldo perejil, como algunos por aquí, la de la democracia española.

Estamos, pues, ante un auténtico día horribilis. Ante la conjunción de dos hechos que suponen un duro lastre, otro más, para la imagen internacional de España. Algo malo en sí mismo. Pero que aún resulta peor cuando no terminamos de superar ni nuestra crisis institucional ni las secuelas de la económica.

La primera porque seguimos sin cortar de raíz con la corrupción. Los partidos viejos no se atreven a hacerlo y la sociedad no les retira su apoyo y se lo da a los nuevos porque éstos ni apuntan programa, ni seguridad ni confianza. La segunda, porque el hecho de que sigamos a la cabeza del paro y la desigualdad cuando crecemos como nadie parece la confirmación más clara de que el que seguimos no es el camino más deseable

Pero igual que llega, el día horribilis pasará. En el caso de Rajoy lo probable es que tal cosa suceda sin mayores contratiempos. Sí salvo que el presidente cometa algún desliz ante el tribunal y el centenar de periodistas que escrutará cada una de sus palabras. En el catalán, con alguna medida contra la decisión. En ambos dejando un regusto amargo que solo el paso del tiempo nos permitirá valorar mejor.

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