El horóscopo del piloto

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Mucho más interesante que conocer nuestro futuro sería saber cómo es el del que maneja los mandos del avión. Se resiste a capotar, aunque corran malos vientos, pero tenemos a De Guindos, ministro de Economía, Industria y Competitividad. Demasiado para don Luis y para cualquiera. Por suerte, ve nuestro porvenir como algo manifiestamente mejorable. «España crecerá más que el año pasado y el paro, que es nuestra mayor lacra, bajará del 17%». Dios le oiga. Lleva muchos pareciendo sordomudo, pero ya sabemos que la fe consiste en ver lo que nunca veremos. El padre Rubén Darío nos dijo que debemos abominar de la boca que predica zodiacos funestos. Quizá por eso el Gobierno ha mejorado sus previsiones económicas al mismo tiempo que augura una caída histórica del desempleo, sin ir más lejos, en este segundo trimestre.

Los divinos pacientes no deben desanimarse porque, cuando el ánimo se nos cae a los pies, cuesta mucho trabajo agacharse para recogerlo. Quizá el remedio consista en mirar hacia atrás, no solo sin ira, sino con piedad. La subida de salarios se debe ir normalizando no sin tener en cuenta que la inflación podría acabar el año por debajo del 1%, pero estamos conmemorando los días de ayer, ya que el pasado no se decide a pasar. Recordamos a Blesa, que se puso en el pecho una escopeta para que le brotara un manantial morado, y a Urtain, que pudo ser el mejor peso semipesado del mundo si empieza a boxear cinco años antes. Nadie elige su amor ni el rencor de los que le explotaron. Fue una mina para muchos. Al principio le reclutaban adversarios entre los camioneros, obligados a derrumbarse en el primer asalto. Luego le trajeron lo que en el argot boxístico se llaman adversarios frenados. Ahora le conmemoramos los que le conocimos de cerca y viajamos con él por el mundo. Era muy fuerte, pero jamás aprendió a boxear. Le seguí por el mundo porque entonces yo escribía en ‘Marca’. Ahora, cumpleaños en la muerte, que tiene más de cuatro esquinas.

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