Horas decisivas

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

El president Puigdemont, todavía en ejercicio, optó finalmente por dar vía libre al artículo 155 de la Constitución al descartar las elecciones que desde tantos ámbitos políticos y empresariales le habían solicitado. Con su rechazo a la vuelta a la legalidad, no queda otro remedio que la aplicación del artículo que contempla la restauración de la autonomía. La Generalitat se había instalado en la ilegalidad con reiteradas demostraciones, que en ocasiones rayaban en la ostentación, desde el 9 de noviembre de 2014. Pero pasó el Rubicón el pasado 6 y 7 de setiembre en el Parlamento catalán cuando vulneró la Constitución y derogó su propio Estatut para aprobar dos leyes que están una anulada y otra suspendida por el Tribunal Constitucional.

La mañana de ayer fue maratoniana. Reinó la más absoluta confusión entre convocatorias de conferencias de prensa suspendidas, comparecencia de Puigdemont aplazada, sesión del Parlament retrasada, la mezcla de rumores contradictorios, notificaciones de dimisiones de consejeros del Gobierno a través de las redes sociales y una escenificación de tensa presión por parte de las CUP. Hasta tal punto que se llegó a dudar sobre las horas que estaba viviendo el mandatario de la Generalitat. ¿Hubo negociación real o tan solo fue un paripé?

De su intervención (nuevamente un discurso sin preguntas) cabe deducir que le costó mucho vestir el muñeco de su decisión. Las excusas de la falta de diálogo del Ejecutivo de Mariano Rajoy para rechazar, después del plantón al Senado, la convocatoria de elecciones, fueron la idea fuerza de su mensaje. ¡Ay!.... que estuvo a punto de entrar en razón. Pero el Gobierno de España que sólo actúa con venganza (sustituyan por justicia) porque el Estado resultó derrotado en el referéndum del 1-0 (esto es textual) no le da garantías. Le habría gustado conseguir, del Ejecutivo, la libertad de los ‘jordis’. No entiende que la excarcelación de quienes están acusados de haber cometido un delito depende de la juez. Como suele ocurrir en una democracia con separación de poderes. ¿Conclusión? Que nada de elecciones y que sea el Parlament quien decida qué hace con la declaración de la república independiente. En la sesión de ayer ‘pasó palabra’. Se reserva para hoy. Que será, seguramente, su último acto en ese cargo.

Porque el Senado votará hoy la aplicación del artículo 155 para restablecer la autonomía lapidada por los gobernantes secesionistas catalanes. El PP está dispuesto a una intervención gradual. Tal como pide el PSOE. Pero si hoy se confirma la declaración de la secesión en el Parlament, Puigdemont será destituido. Como su Gobierno. La medida quirúrgica que bien hubiera podido evitar se ha vuelto contra él. No hay otra opción para evitar el caos. Es mérito suyo, y del gran Junqueras tan ponderado por su inteligencia durante la operación diálogo y tan denostado ahora por mentiroso, haber instalado la inseguridad jurídica en un territorio tan próspero y plagado de emprendedores. Tanto que el socialista Iceta prefiere que se vaya este Govern a que lo hagan las empresas.

El ‘procés’ parece que ha entrado en vía muerta. Puigdemont es más débil que ayer. Quiere acercarse a Estonia pero se va alejando de la mayoría de los ciudadanos catalanes. Le seguirán pidiendo que ponga las urnas. Pero no las opacas en las que se podía votar varias veces a la vez. Elecciones con garantías. Pero ya no está en condiciones de hacer la ciaboga.

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