La gran mentira

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

El prófugo Puigdemont, después de desestabilizar la política catalana y la española e incomodar a Bélgica con su presencia mediática jugando al escondite, finalmente se entregó a la Justicia del país vecino. Su único objetivo: dilatar su entrega a la Justicia española a fin de que este paréntesis le permita activar la campaña electoral del 21-D, una vez consagrado como candidato de su partido. Ahora sí. Después de haber tenido en vilo a todo el país, de haber prometido llevar a Cataluña a la independencia y con la mayoría de sus consejeros en prisión, ahora ya no se imagina desprotegido de la coraza política. Quiere asegurarse su futuro. Blindarse. Por eso, trastocando los planes de su propio partido, ha decidido volver por su fueros. Con su propaganda retorcida. Contando que España es un país dictatorial en el que el espíritu de Franco sigue campando a sus anchas. Y sin desviarse ni un ápice de su relato sobre «el pueblo» de Cataluña, apoyándose en dos millones de ciudadanos de los siete millones y medio de habitantes con que cuenta la comunidad autónoma.

Será porque los engaños en política en nuestro país no están tan castigados como en EEUU, pero el caso es que éste ha sido el proceso de la mentira. Desde las trampas parlamentarias de la Generalitat (que comenzaron en 2015 y alcanzaron su apoteosis del quebranto de la legalidad el pasado 6 y 7 de septiembre, cuando la mitad del hemiciclo fulminó la Constitución y derogó su propio Estatut) hasta los abusos de poder. Del papel desempeñado por los dirigentes de la ANC y Òmnium cultural, dos asociaciones privadas y subvencionadas, ubicadas en la cabina de mando del Gobierno como si hubieran resultado elegidas en las urnas, se hablará, con toda seguridad, en los próximos libros de historia.

Entre los múltiples vídeos que circulan por las redes se ha colado uno en el que aparece una ciudadana de habla inglesa dirigiéndose a los «ciudadanos del mundo» para desmontar la propaganda del equipo de Puigdemont. Que España no es una dictadura y que Cataluña tiene un Gobierno autonómico con más competencias que Escocia, Quebec o los landers alemanes. Entre otras cosas.

A estas alturas algunos partidos políticos siguen jugando al despiste sobre si hubo o no declaración de independencia. El Gobierno vasco también se apunta al juego del limbo jurídico al verse apremiado por la izquierda abertzale. Sigue la ruleta mientras dirigentes históricos de la izquierda, como Paco Frutos o Julián Ariza, exigen que no se banalice el franquismo «con lo que costó alcanzar la democracia». De aquí al 21-D todo son cálculos electorales. El PNV también hace los suyos. La Declaración Unilateral de Independencia y la respuesta del Estado le ha dejado algo descolocado.

Hasta ahora su mensaje central de certidumbre en comparación con la irresponsabilidad de la Generalitat le había funcionado. Pero ha tenido que dejar su confortable ubicación para apartarse de Rajoy, aunque le interesa que se aprueben los Presupuestos. En el Congreso y en el Parlamento de Vitoria. Pero la presión radical en Euskadi le hace recuperar su doble discurso. Teniendo en cuenta las ventajas que obtuvo a cambio de su apoyo a las últimas Cuentas de Rajoy sería una irresponsabilidad que no siguiera por ese camino. A pesar de las pintadas en los batzokis. A pesar de la resistencia de Egibar. El popular Alfonso Alonso ve algún margen para negociar los Presupuestos vascos si se abriera un diálogo sobre la reforma fiscal que tanto ha soliviantado a los empresarios, que con este endurecimiento, ven peligrar la creación de empleo. Justo ahora que la recaudación se había recuperado. Pero el PNV quizá opte por la prórroga. Todos los interlocutores temen que la crisis catalana pueda arrastrar a otros territorios como Euskadi. EH Bildu lo está intentando.

Con la campaña catalana los secesionistas no podrán lanzar todo su arsenal de propaganda y manejo institucional impunemente como han hecho en estos tres últimos años. ¿La gran mentira permanecerá estos días? Hay una sociedad que ha roto el silencio . Una justicia que vigila. Una oposición recuperada. Miles de ciudadanos temiendo quedarse en el paro ante la fuga de empresas. No se puede imponer una secesión. Saben que no pueden saltarse la Constitución. El PNV podría decírselo, pero no lo hace. A partir de ahí todo será posible. La historia no se repite. Pero los errores, sí.

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