Golpe de mano de la presidenta

Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Empecinada, intolerante y tramposa. Esta fue la actitud que mostró la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell. La que fuera en su día presidenta de la ANC y se mostrara tan impaciente ante Artur Mas en 2014 reclamándole a los cuatro vientos: «President, posi les urnes» ayer volvió a exhibir esa urgencia para tramitar la ley del referéndum, pasando por encima de las normas, despreciando los trámites reglamentarios, impidiendo el debate a la oposición y provocando la sesión más caótica que se recuerda en la vida parlamentaria de este país desde que se instauró la democracia. Un delirio derivado de la incompetencia (su falta de experiencia institucional también aportó su granito de arena) y obsesión por convocar un referéndum para el que ni está capacitada la Generalitat y que, además, vulnera el propio Estatut.

Pero tenía que hacer el trabajo sucio a los dirigentes de Junts pel Sí (Carles Puigdemont y Oriol Junqueras) y no le tembló el pulso para sustituir al secretario general de la Cámara, Xavier Muró, cuando éste se plantó negándose a publicar el texto de tramitación de la ley del referéndum en el diario oficial del parlamento catalán. Forcadell rechazó leer en público, tal como le pedía la oposición, la advertencia de los letrados que decían que no se podía votar ayer la ley del referéndum entre otras cosas porque no podía saltarse el trámite del Consell de garantías que necesita, por lo menos, un mes para publicar su dictamen sobre el texto que ayer conocieron sus señorías.

Hubo tal abuso en el procedimiento y tal vulneración de las normas que hasta el representante parlamentario de los ‘comunes’ (Catalunya sí que es Pot) Joan Coscubiela, que llevaba días alertando que Junts pel sí y la CUP querían aprobar la ley del referéndum «vía’ bucanero’ dinamitando toda la legalidad catalana», ayer volvió a ejercer de agitador de conciencias de una forma tan pertinaz que acabó irritando a sus propios compañeros de grupo , que quieren ocupar asientos a favor y en contra del referéndum.

Y no le faltaba razón al señalar que los cambios que pretenden hacer desde la Generalitat vulneran su propio Estatuto de autonomía que prevé que, para cualquier reforma, necesitan una mayoría de dos tercios en la Cámara. Es decir, 90 diputados que no tienen. Pero les da igual. No tienen un mandato electoral basado en los votos. Pero siguen. La ley del referéndum nace anulada p or sentencia del Tribunal Constitucional, pero pasan palabra. Están cometiendo mucho más que una ilegalidad. Se han atribuido competencias que no les corresponden. Un golpe a la Constitución.

Estamos ante una situación de emergencia provocada por políticos fanatizados y mediocres que, además, no son secundados por la sociedad civil silenciada y silenciosa. Las formas son importantes en democracia y, con las argucias de ayer, los independentistas quedaron en ridículo, que es lo último que se puede hacer en política, según aconsejaba Josep Tarradellas. Ante el mayor conflicto desatado entre una comunidad autónoma y el Estado desde que se instauró la democracia, los dirigentes constitucionalistas mantienen una línea abierta permanente. Hoy se reúne Mariano Rajoy con Pedro Sánchez. Es la hora de los hechos. El PNV invoca al diálogo. Quizás, para situarnos en ese escenario, haya que esperar a que se produzca un relevo de los actuales políticos catalanes. En Euskadi, la sustitución de Ibarretxe funcionó. Eso sí, unos cuantos años después.

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