Gente repetida

Gente repetida
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

El atentado contra la mezquita egipcia de Bir al Abed, allá en el monte del Sinaí, se considera, por ahora, el mayor sufrido en Egipto. Los terroristas dispararon no sólo contra las personas que huían de la explosión de la mezquita sufí sino contra las ambulancias que acudieron en su socorro. Era el día de la oración y, por lo tanto, todos estaban rezando. Los salafistas consideran heréticos a los que imploran a Alá de una manera diferente. Eso es todo, pero después llega la obligación moral de matar al que es distinto. El fanatismo, que empieza igual que el independentismo, es gran enemigo. Bienaventurados los descreídos, que no quieren asesinar a nadie, y creen únicamente en que todos tienen derecho a la vida.

La Organización Mundial de la Salud ha alertado de que se practican 25 millones de abortos inseguros cada año, la mayoría en la clandestinidad y en países pobres, de esos donde nadie tiene dónde caerse vivo. Suena tan mal la palabra proabortista que, hasta los que somos partidarios de la «procreación consciente», la llamamos con otros nombres y cada país puede escoger el suyo. Los hay, como varios de Latinoamérica, a la que en otras épocas llamábamos Hispanoamérica, donde el aborto está prohibido en todos los casos. En algunas naciones está despenalizado y se consiente en los casos de violación o de grave riesgo para la vida de la madre. En España, donde las estadísticas son poco fiables en este asunto, el plazo es de catorce semanas de gestación.

Don Miguel de Unamuno solía decir que él no nació, sino que lo nacieron. Su otro yo era su tema favorito y lo pasaba en grande polemizando con él mismo. ¿Qué diría si estuviera vivo? En el mundo ancho y ajeno, que es cada vez más estrecho y menos nuestro, los contables de la OMS alertan de que haya tantos millones de personas. Por suerte hay mucha gente repetida.

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