genios asombrosos

Federer gana su octavo título en Wimbledon arrasando como lo hizo Nadal en París

JON AGIRIANO

Roger Federer cumplió todos los pronósticos y se llevó ayer su octavo título de Wimbledon sin despeinarse. Fue visto y no visto. Marian Cilic ni siquiera compareció en la pista central del All England. Estuvo allí como puesto por la organización para que el rey Roger tuviese un oponente al otro lado de la red y no se rompiera el protocolo. Que un tenista del nivel del croata, con un US Open en su palmarés, acabe teniendo un papel tan irrelevante sólo puede explicarse aludiendo a la calidad y el temor reverencial que provoca el campeón suizo en Wimbledon, el jardín de su casa. Es tal el tamaño que alcanza su figura en esa pista que ganarle el último domingo del torneo se convierte en una misión casi imposible para el resto de los mortales. De hecho, sólo Nadal en aquel apoteósico partido de 2008 y Djokovic en 2014 y 2015, es decir, otros dos inmortales, han sido capades de vencerle en una final.

La exhibición de Federer ayer hizo inevitable recordar la de Rafa Nadal en Roland Garros. Han sido casi calcadas. No es que ganase sino que ha arrasado a lo largo de todo el torneo. De hecho, no ha perdido un solo set. Y ha jugado mejor que nunca. O al menos, también como en sus mejores tiempos. Lo cual ha provocado entre los aficionados no sólo admiración, más todavía si cabe, sino perplejidad, el asombro de lo genial. Y es que resulta que Federer cumplirá en agosto 36 años y la pasada temporada parecía sumido en un declive inevitable, lo mismo que Nadal, muy castigado por las lesiones. Y resulta que ambos han resucitado en 2017 hasta un punto misterioso en el que parece que el calendario se hubiera puesto de repente a caminar hacia atrás, en dirección contraria, y les hubiese devuelto a ambos a su mejor época. Este año, de hecho, sólo ha habido una final digna de tal nombre, la de Australia, y fue porque en ella se enfrentaron estos dos monstruos. Roland Garros y Wimbledon han sido dos paseos.

No es fácil aventurar lo que sucederá en los próximos meses, pero con Djokovic lesionado y Murray renqueante, todo indica que, salvo imprevisto, Nadal y Federer van a seguir imponiendo su ley y, probablemente, terminen el año como los dos primeros de la ATP. Descubrámonos ante ellos.

Fórmula 1

Sin bromas

A este paso vamos a tener que ponernos de parte de Fernando Alonso y dejar de bromear acerca de los problemas que, un año sí y otro también, le plantean sus coches. Y es que lo que está pasando durante este campeonato del mundo el piloto asturiano empieza a ser lo suficientemente grave como para no hacer más gracias sobre ello. Mejor guardar un silencio respetuoso. Ayer abandonó en el circuito de Silverstone y su estadística alcanzó ya un punto escandaloso. Y no tanto para él, que hace lo que puede, sino para McLaren y Honda. Alonso ha participado en nueve carreras y sólo ha podido terminar -y con más pena que gloria- dos: fue duodécimo en el Gran Premio de España y noveno en Azerbaiyán. Por no hablar de que también tuvo que abandonar en las 500 millas de Indianápolis. En Australia, China, Bahréin, Rusia, Canadá, Austria e Inglaterra le han visto bajarse de su monoplaza. Corramos un tupido velo, pues.

Athletic

Dos zurdos

No es que a uno le guste sacar muchas conclusiones de las pretemporadas, que no dejan de ser un tiempo experimental, de pruebas y errores, en el que todos los relatos hay que ponerlos entre comillas. O en cursivas. Como se prefiera. Pero eso es una cosa y otra muy diferente es no poder ilusionarse un poco con algunas cosas que ve o intuye en su equipo. Del ‘stage’ del Athletic en Suiza, por ejemplo, llegan noticias de que Aketxe y Córdoba están demostrando su calidad y que Ziganda está muy contento con ellos. Hasta el punto de que no sería de extrañar que ambos acaben teniendo un hueco en la plantilla. Pues bien, yo oigo estas cosas y se me dispara sin querer el termostato del detector y aplausómetro de zurdos con clase, un dispositivo sentimental que algunos de mi generación llevamos incorporado desde que vimos jugar a Txetxu Rojo por primera vez. De manera que ya estoy deseando ver a Aketxe y Córdoba dejar su sello en el equipo.

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