El gato en la suite

Quizá los hoteles se llenen y se vacíen al mismo tiempo

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Con los sectores profesionales sucede como con las personas. Los hay comunicativos y los hay taciturnos. Como pasa con las personas, son mejores los segundos. Si lo piensan, hay sectores profesionales que resultan imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad de los que apenas tenemos noticia. Ahí está la industria cervecera. ¿Alguien sabe si les va bien o les va mal? No. Se lo guardan para ellos. Cierto que esta industria en concreto resulta emocionalmente autosuficiente y encuentra en sus propios almacenes el modo idóneo de celebrar los éxitos y anestesiar los fracasos. Pero es solo un ejemplo. El sector logístico, pongamos por caso, tampoco nos hace saber todo el rato cómo le va.

Frente a esos modelos de contención se sitúa el sector hotelero. En Bilbao al menos nos tienen al tanto de cómo va el negocio y también, sobre todo, de las amenazas que lo acechan y los factores externos que lo perjudican. Como suele suceder en estos casos, nos dicen que todo es preocupante. Otras veces nos dicen que la cosa está mejorcita, pero en el fondo está también muy mal, fatal, por lo que sea. Propagan los hoteles una radiación pesimista. Yo he llegado a encontrarme con algún amigo inusualmente pálido, ojeroso y derruido que, al preguntarle qué le ocurría y cuánto le quedaba de vida, solo pudo resoplar: «El sector hotelero, chico. No me lo quito de la cabeza».

Ayer se conoció el balance del BBK Live. Entre otras cifras pirotécnicas, el Ayuntamiento celebró el 90% de ocupación en los hoteles de la ciudad: siete puntos más que en la anterior edición del festival. Sin embargo, antes de que comenzase la música en Cobetas, el sector aseguraba que todo iba fatal y que los pisos turísticos les estaban «haciendo polvo». La única opción que permite que ambas cosas sean ciertas es que las habitaciones hayan estado llenas y vacías al mismo tiempo. Sería raro, pero supondría un avance en la mecánica cuántica: el gato de Schrödinger dejando su caja para alojarse al fin en una suite. Además de tenaz, interesada y melancólica, la energía que propagan los hoteles en la turística Bilbao es paradójica. Estos días se recupera a ese respecto un clásico. No dejan de anunciarse y abrirse nuevos hoteles en una ciudad en la que, según se nos ha repetido con escándalo e insistencia, ya funciona un número de hoteles casi inasumible.

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