mismo futuro, otro presente

La original ‘Blade Runner’ fue una película de culto desastrosa en lo económico y la secuela se ha convertido en franquicia millonaria

Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

La mejor manera de predecir el futuro es creándolo. La cita no la inventó Ridley Scott, pero en cambio su ‘Blade Runner’ acabó creando un futuro predecible y vigente treinta y cinco años después. En la película original ese futuro se presagiaba sombrío, escasamente sostenible y encima tan nihilista como cualquier ‘film noir’ reconvertido en futurista. Seguramente su vigencia y su condición de película de culto estaban en su fondo y en su forma. La forma, su imaginación o su iconografía crearon escuela entre directores, diseñadores de moda e interioristas y hasta entre los ingenieros de efectos visuales. Porque el futuro se vestía hace treinta y cinco años con el ‘look’ cyberpunk, con los neones de las superpobladas ciudades asiáticas y con la zozobra de un claroscuro que inventaba atmósferas densas, opresivas.

Y lo mismo pasaba con su fondo, porque presagiaba y amenazaba para el 2019 con una inteligencia artificial criminalizada por el hastío de su efímero maquinismo. Treinta y cinco años después el futuro imaginado entonces para el 2019 se extiende ahora en la secuela de ‘Blade Runner’ hasta el 2049. Una prórroga bondadosa para el futuro, con los mismos contornos o con los mismos presagios nihilistas. Todo igual, sí, menos una cosa importante: la original fue una película de culto, minoritaria y desastrosa en lo económico; pero la nueva no es sino una secuela convertida en franquicia millonaria. El mismo futuro, ya lo digo, pero con diferente presente.

Política cultural. Aportación de Cataluña

La quiebra extrema planteada por Puigdemont en Cataluña también refleja en la cultura pública y en su financiación una descomunal paradoja. Por ejemplo, pensemos en las aportaciones de los Presupuestos Generales del Estado a las instituciones culturales catalanas. Que sepamos, el Estado está aportando para este ejercicio 2.030.000 euros al Museo Nacional de Arte de Cataluña y 7.110.000 euros al Gran Teatro del Liceo, una institución lírica que también recibe otros 1.450.000 euros adicionales para «necesidades de tesorería» y que encima financió su reconstrucción tras el incendio del año 94 gracias en parte al Estado.

Más allá de esto tampoco se deben olvidar las subvenciones y las inversiones en el Palau de la Música (14,6 millones de euros para la ampliación y la celebración de su centenario), en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) o en el Mercat de les Flors. Y por no decir nada de las numerosas subvenciones estatales en el ámbito de los archivos y bibliotecas, de la música y la danza, del teatro, del cine, de la protección del Patrimonio Histórico y de la Conservación y Restauración de bienes culturales. Por supuesto, una ruptura extrema y traumática supondría que toda esta financiación quedaría exclusivamente a cargo de las maltrechas finanzas de la Generalitat, lo cual sería con toda probabilidad un verdadero drama se creara o no una agencia tributaria propia.

A nadie se le oculta que la visualización masiva de vídeos y la descarga de archivos musicales en internet tienen sus riesgos y amenazas. Mucho más, claro, cuando el usuario busca contenidos e interacciones gratuitas en la Red. Naturalmente, cuando más conocido sea el artista buscado o mayor haya sido el éxito de su canción o archivo musical mucho más aumenta el riesgo de exposición frente a cualquier virus, software malicioso o incluso frente a la publicidad indeseada. Es por eso que desde hace ya once años la compañía de ciberseguridad McAfee elabora en cada ejercicio una lista con los artistas «más peligrosos» o de mayor riesgo en ese consumo frenético de música gratuita por internet.

Según el último estudio elaborado por la empresa McAfee, los resultados de las búsquedas de ‘Avril Lavigne free mp3’ tenían un 22% de posibilidades de dirigir al usuario a una página infectada. El segundo lugar de la lista lo ha ocupado Bruno Mars, otro artista que testimonia ese culto frenético que explica por igual los millones de búsquedas en la Red y el subsiguiente aprovechamiento ilícito que hacen de ello los cibercriminales.

Otro de los artistas más peligrosos en internet es David Guetta, cuya colaboración con el cantante Justin Bieber ha sido vista ya en YouTube desde el pasado mes de junio por más de 250 millones de usuarios. Ya se ve, en fin, que la música y sus grandes éxitos están llenos de trampas en el ciberespacio.

Fotos

Vídeos