Fundamental

ENRIQUE PORTOCARRERO

No hay duda de que la Sociedad Filarmónica prestigia a Bilbao y al País Vasco, contribuyendo a su imagen cultural, a la oferta y a la pedagogía musical o a su nivel y consumo cultural. Y todo ello lo ha hecho desde una concepción estrictamente privada durante 121 años, con más de tres mil conciertos por los que han pasado muchos de los grandes nombres de la música, con plena independencia y sin recibir subvenciones públicas. Se trata, pues, de una institución con una masa crítica en el ámbito cultural que es fundamental para Bilbao y el País Vasco, cuya preservación e impulso compete por igual a sus socios, al conjunto de la sociedad civil bilbaína y a las instituciones públicas.

Obviamente, la obligada pero lógica adecuación de su sede histórica a la normativa urbana vigente debería partir de la necesidad de preservar su carácter privado, su independencia, su estabilidad financiera mantenida con mucho esfuerzo a lo largo de su historia y su programación. La buena disposición del Ayuntamiento bilbaíno -concretada inicialmente en una subvención para hacer frente a una parte de los gastos de la reforma- tendría que completarse con unos plazos de reforma que no alteren significativamente su programación o, en su defecto, con el respaldo municipal para el traslado transitorio de sus actividades. Por su parte, la Sociedad Filarmónica está tan obligada a mantener su formidable trayectoria cultural como a compensar imaginativamente el apoyo municipal y superar sus retos de siempre, que no son otros que su sostenibilidad financiera y el incremento de su masa social.

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