Ser funcionario

Las ventajosas condiciones que la Administración vasca ofrece a sus empleados refuerza el atractivo de las OPE y presiona a las empresas privadas

Cientos de personas se examinan para una OPE del Gobierno vasco./Ignacio Pérez
Cientos de personas se examinan para una OPE del Gobierno vasco. / Ignacio Pérez
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El Gobierno vasco ha convocado para este año ofertas públicas de empleo que suman alrededor de 6.000 plazas. Esas OPE no crearán nuevos puestos de trabajo, sino que cubrirán con personal fijo una parte de los que ahora ocupan eventuales. La seguridad laboral, consustancial a la función pública, y las ventajosas condiciones que ofrece la Administración autonómica la convierten en un gran polo de atracción de mano de obra. Y, de forma paralela, en un serio competidor del sector privado para hacerse con valiosos profesionales y también en un elemento de presión al alza de los salarios en ese ámbito, que como es evidente se rige por unas reglas del juego muy distintas. Parece comprensible, por tanto, que la «avalancha» de OPE que censuraba la pasada semana el presidente de Cebek suscite un escaso entusiasmo en la patronal. No cabe olvidar, sin embargo, que la coincidencia en el tiempo de varias convocatorias está directamente relacionada con la escasez de ellas en los últimos años. Ni que esas oposiciones favorecerán un imprescindible relevo generacional y una mayor estabilidad de las plantillas, algo siempre deseable. Los salarios que paga la Administración vasca son superiores a la media en Euskadi. Obviamente, resultan más apetitosos cuanto peores son los que ofrecen las empresas privadas a los recién licenciados y más precarios los empleos con los que intentan atraerlos. Además, las retribuciones de los trabajadores públicos, aunque congeladas en los años más duros de la crisis, se han comportado mejor en el pasado reciente y empiezan a recuperar una parte del poder adquisitivo perdido. Pero más allá de los sueldos, cuyo ascenso allá donde sea posible en el sector privado es una asignatura pendiente para visualizar la recuperación económica, la Administración ofrece ventajas sociales que elevan su atractivo laboral y que resultan más asumibles para las arcas públicas que para la mayoría de las empresas. Sin ir más lejos, a las ya existentes en forma de permisos diversos, por ejemplo, se suman las 12 semanas adicionales de excedencia que el Gobierno vasco se ha comprometido a pagar a los empleados públicos que sean padres. Una sociedad en la que la mayoría de su juventud aspire a ser funcionario tiene un serio problema. La aplicación de unas condiciones laborales atractivas en el sector público ha de ser compatible con el arraigo entre los jóvenes de una cultura del emprendimiento; con una adecuada mezcla entre el confort que aporta la seguridad y el vértigo del riesgo en la creación de nuevos proyectos. En caso contrario, el progreso futuro será sencillamente inviable.

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