SAN FERMÍN

'Espejo Público' quiso denunciar el riesgo de las chicas en un ambiente que va a quedar ya irremediablemente marcado por las violaciones que se han producido en los últimos años

YOLANDA VEIGA

Espejo Público’ ‘infiltró’ el otro día a una reportera en el arranque de los Sanfermines. El resultado, lamentable como se esperaba, porque por ahí iba la cosa: denunciar el riesgo de las chicas en un ambiente que va a quedar ya irremediablemente marcado por las violaciones que se han producido en los últimos años. Durante el experimento-reportaje la periodista se topó con un abanico de indeseables que le agarraban por la cintura, le intentaron besar y le dijeron cosas como esta: «Si tienes un escote hasta aquí y un pantalón hasta aquí igual no es culpa del jambo ni de la jamba pero puede dar más indicios a la hora de una violación» (sic). Lo dijo un chico que iba acompañado de otro que exhibía pensamiento idéntico: «Está claro que hay una mujer que incita». A los dos les pixelaron la cara (los demás entrevistados, ebrios, ridículos... salieron mostrando el rostro), cuando lo que había que haber hecho es repartir carteles con su cara con una leyenda abajo de advertencia.

El testimonio de la reportera de Antena 3 viene a confirmar que las actitudes machistas, sexistas y denunciables no son una lamentable excepción. La televisión hace bien en hacer hincapié sobre este lado vergonzoso y oscuro de la fiesta, pero a estos dos sinvergüenzas habría que haberles sacado el rostro, no eximirles de la responsabilidad que tienen sus palabras. No eran menores de edad, hablaron voluntariamente. ¿Hay que protegerles a ellos? No, sucede al revés, nos tenemos que proteger los demás de gente así.

En todo caso, hay que aplaudir la iniciativa de Antena 3 por denunciar el acoso. Pero quedarse en el vídeo de tres minutos de los borrachos hablando a la cámara y acosando a la reportera es dejar el trabajo por acabar. La televisión no tiene la responsabilidad ni de la ley ni de las instituciones, pero se ha demostrado el vehículo más poderoso para erigir mitos, inventar modas, dar eco internacional a la anécdota... Debe utilizar ese potencial para trabajar en desterrar las actitudes machistas. Faltan programas que estén diseñados sobre la base del respeto y de la censura al ‘machito’. Y sobran programas donde chicas en tacones pelean por las atenciones de un chico musculado.

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